Abandonamos el siglo de las guerras y entramos al del progreso: Cien Años de Soledad en segunda marcha

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De esta segunda parte de Cien Años de Soledad se pueden deshilvanar varias hebras para el análisis. La segunda mitad esta poblada de imágenes clásicas de lo que se denomina “Realismo Mágico” como la ascensión de remedios, la bandada de mariposas amarillas de Mauricio, los años del diluvio entre muchos episodios. También podemos intentar jugar a los significados ocultos que fascinan a los críticos de la generación y al parecer al editor de mi copia anotada: las “claves” de Ursula, el acto equivocado, la mayoría de las veces, de descifrar y “leer” presagios, anuncios oscuros, y acertijos fatalistas. La verdad, este gesto de la critica me aburre un poco y ya aparece a todas luces un poco obsoleto. Derivan tal vez estos ejercicios del reto de encontrarse frente a un macizo de narrativas que se trazan a lo largo de 300 paginas envolviéndose entre si mismas y ofreciendo todo tipo de relación de la una con a la otra. Y aquí creo que comparto, a medias, el desdén que Garcia Marquez expresaba ante estos profesionales y sus parientes en segundo o tercer grado de relación: abogados, burócratas, funcionarios, hombres de estado, en fin, el hombre que vive de la palabra, pero sobre todo el que vive de la palabra escrita, el hombre de letras. El “hombre de letras” no es lo mismo que decir el escritor, el poeta. Ciertamente estos últimos tipos de escribanos gozan históricamente, aunque no siempre, del favor y la devoción de la sociedad o al menos de ciertos regiones dentro de la sociedad letrada. No constituye este elogio un paz y salvo para todo quien quiera llamarse “escritor” o “poeta.” Mas bien corresponde a una noción antigua del poeta como profeta quien tiene una relación importante con lo sobrenatural: canta a Dios o sobre Dios y es apreciado tanto por los sensibles como los hombres de estado en tiempos difíciles.

Lo que si podemos observar, en esta segunda parte, es una serie de constantes que revelan como cambia la escritura, como ha cambiado el tono, tal vez, por el mismo paso del tiempo que se evidencia hasta en los mas mínimos objetos dentro de la novela, como cambian las posturas ante los heroes y como cambian las políticas de las voces latentes dentro del texto.

Quisiera resaltar que desde el capitulo 10 la narrativa cambia de marco conceptual, ya no desplegamos -como lectores- una a una las efemérides del gran militar, en este caso “el Coronel Aureliano Buendía” casi libertador que en sus historias entrelazadas componía manojos de épicas y epopeyas. La poética de las guerras decimononicas va quedando atrás, no muere necesariamente el coronel pero poco a poco se va relegando y hasta nos olvidamos a veces de el mismo (siguiendo a Bruno ha caído pues en la muerte tras la falta de evocación recordativa). Las grandes guerras del XIX han sido la constante de muchos autores latinoamericanos y en especial la novela de dictador capitalizó hábilmente del suelo fértil que constituyó la historia política de Latinoamérica. Como dice Fuentes, no hace falta mucha imaginación para escribir acerca del dictador perfecto: el “Yo el Supremo” de Roa Bastos solo tuvo que echar un vistazo hacia los archivos para encontrar en la frenética vida del Doctor Francia, un dictador evidentemente perfecto. El mas principiante historiador del devenir politico Colombiano puede apreciar el tono megalómano de estos grandes dictadores hasta en el mismo titulo de sus guerras sin fin, recordemos por ejemplo la “Guerra de los Supremos” (1839-1842) o la “Guerra de los Mil Dias” (1899-1902) y ya son pues muchos los conflictos que en toda la region han marcado la historia desde sus enfrentamientos apocalípticos, sus nominas sin medida y el tono constante de lo magnánimo, el honor nacional y otras ideas recurrentes en la época.

Los ejemplos son variados, pero el punto es que desde el capitulo 10 o el 11 la cosa cambia en Macondo y en la novela como tal. Propongo que la segunda mitad hace entrar una nueva era histórica donde la multiplicidad de narrativas cobra preeminencia pero se pierde protagonismo central, (o digamos se fragmenta el sujeto) en tanto pierde el peso de la narrativa predominante anterior. Es lugar común ya decir que la modernidad entra en Macondo o que Macondo entra en la modernidad, como se quiera, pero es en este digamos “cambio de paradigma socio-económico” donde se encuentra el germen de lo que deviene en una narrativa mas multiple, donde el peso del “libertador” y sus 32 levantamientos, 17 hijos… etc., no mueve la trama hacia un centro firme y el lector hacia un eje solido de desarrollo sino que enfatiza lo menor (pero ojo! por menor no digo menos importante): ejemplos serian la vida rumbera e inútil de Aureliano Segundo, la vida ecléctica y desordenada de Jose Arcadio Segundo, las lecciones al parecer muy vacías aunque muy bellas que nos deja el paso de Remedios la Bella por el libro, los multiples dramas de la insufrible Fernanda con todos o casi todos en la familia, Amaranta, Ursula, Santa Sofia, Petra Cotes y hasta su propia descendencia, en fin, multiples ejemplos podemos dar pero a falta de espacio retornemos al punto: la modernidad entra y con ella, la narrativa, podríamos especular, se democratiza. También vemos como el libro se va desenvolviendo un poco mas apresurado que antes, como la descripción de las pestes que son extensas y no menos devastadoras, deja la sensación que se trataba de resumir un poco, de contar sin detenerse tanto o de cerrar poco a poco las hebras narrativas con mas apremio. Al decir esto quiero aclarar que la hipérbole y el superlativo continúan marcando sin discriminar; que no se entienda que trato de proponer que en la segunda mitad es menos importante o de menor calidad. Mas bien lo que me interesa acá es ver como esta modernidad acelera el tiempo, las medidas de las vidas, el suceder cotidiano y si seguimos la tesis de la semana anterior termina por destruir la concepción de un mundo mítico, primordial. No solo se aceleran las micro-narraciones sino que se acelera también el uso del lenguaje y al mismo tiempo advertimos un cambio en la naturaleza del mismo. Y es apenas necesario. No se puede pretender creíble el relato de una masacre en los tardíos años 20 usando el mismo lenguaje de las “guerras supremas” del XIX.
Quería proponer, aunque evidentemente estoy abusando ya del lector y su tiempo y me disculpo de antemano, que en vez de leer Cien Años de Soledad como alegoría nacional leamos el texto como alegoría del tiempo histórico no solo de la región sino de toda America. Me da la sensación de que la muerte del Coronel en el texto es el punto decisivo como lo fue para el Norte -aunque mas en Europa que en Norteamérica- del cambio de un modo de entender la realidad política del mundo, en otras palabra el impacto de la Gran Guerra sobre la conciencia del Occidente. Y de ahi en adelante la “aceleración del tiempo” tanto en la realidad como en la novela se evidencia en los variados episodios y su coincidencia con la historiografía tanto suramericana como norteamericana. Los años de rumba y parranda imitan el boom de muchas economías en el continente y no solo la gringa; así como el desembarazo de una normatividad victoriana que ya olía a guardado y caía en desuso. El nominativo ingles los “Roaring Twenties,” en Macondo seria los años de “parranda vallenata” enmarcada en locuras como el empapelar la casa con billetes y los “boterismos” de la comilona obscena. El diluvio se podría interpretar como la superposición de la imaginación histórica sobre hechos tan ciertos como aciagos tales como el Martes Negro de 1929: la caída de la bolsa de Nueva York. Recordemos que el Crac del ’29 dio inicio a la Gran Depresión norteamericana época de terribles coyunturas para los norteamericanos de clases medias y bajas, marcadas gravemente por una depresión económica como también afectiva: suelo irreal donde Steinbeck y otros encontraron, en las maneras de vivir mas alucinantes y la desolación del paisaje polvoriento del Dustball, la poética de la escasez. En Macondo también tenemos nuestro dustball (una imagen que no les molestaría mucho a la banda de los McOndianos), caen meses o años de sequía que coinciden -en la temporalidad histórica elástica con que trabajamos- con la depresión norteamericana. Así como los meses de miseria y la perdida de cualquier resto de dignidad del rumbero favorito Aureliano Segundo evocan las culpas y las calumnias sin fin de una Europa sumida en la pobreza, la vergüenza y una inflación al mejor estilo del realismo mágico. Un final aterrador esperaba a esta Europa, un final que en Macondo es destrucción y olvido. Confieso que son pensamientos desordenados y extendidos sin consideración (disculpame Silvia) así que dejamos hasta acá el juego de los abalorios irreales y las torres de sangre que vendrían con el tiempo. Para concluir retomemos las ideas: la segunda mitad como espacio conceptual de lo multiple y lo menor en tanto la modernidad acentua valores similares y trae nuevas formas de vivir con todo su impetu violento y su orden binario. Esta frase me trae a la memoria lo que le sucedio al pueblito chileno llamado Estacion el Olivo, pero eso, es harina de otro, muy rico, costal.

“McOndo” y Gabo como escritor “no comprometido”

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(Lo que sigue son mis impresiones sobre los “McOndo” y un vistazo a las maneras de comentar sobre Garcia Marquez en la fecha de su fallecimiento.
Cierro con un fragmento periodistico que nos invita a aproximarnos a Garcia Marquez sin caer en narrativas instrumentalizadas de “escritor sin política” o “buen escritor, mal politico” o “escritor exotizante y apolítico.”Disculpas por el alternado uso de párrafos en ingles, pues fue de la Wikipedia en ingles que extraje los pasajes acerca de McOndo y el articulo de Andres Fabian Henao esta escrito en ingles.
Mi “post” como tal lo envío mas tarde.)

Para mi con todo respeto “McOndo” es una banda de pensadores reaccionarios que intentan hacer entender al resto del mundo que LA “no es un sombrero y un machete,” i.e., ellos quieren entrar a la gran Familia Occidental y decir “no somos indios atrasados, tenemos television, rock y McDonald’s.” Hacen un gesto hacia el norte, hacia una modernidad o posmodernidad blanca y cosmopolita Yo creo que todo Latinoamericano que sale y se da cuenta de la limitada y selectiva representación y recepción de su cultura (claro, esto ha cambiado mucho desde los 80’s y 90’s), sufre por instantes, el síndrome de “no somos tan indios” así mismo trata de cobrar una postura de indignación vanidosa y quiere mostrarse como “moderno.” También esto responde a que desde los 40’s Latinoamérica era sinónimo con exotismo, realismo mágico (o lo que se entienda por ese “signifier”), paraíso maldito, miradas puramente reduccionistas, mutiladas y comercializadas a nivel de consumo de masas. En palabras de Said, era el “Oriente.” Si McOndo responde a Cien Años de Soledad, los encuentro desfasados a veces y quisquillosos en general: en la novela como hemos visto hay modernidad, hay intercambio con Europa, se ve como una ideología politico – filosófica Ilustrada (Centralismo contra Federalismo) opera, se puede ver el rol de una economía moderna capitalista de monopolio.

Yo creo como ya te comente (a Bruno) que el “Iowa Review Affair” propicia la motivation desenfrenada del tono “McOndiano.” Mas bien diria yo que entre “Banana Republic, 19th Century Dictator, Backward Catholicism” y “a world of McDonald’s [restaurants], Macintoshes and condos” ahi esta Latinoamerica. Que se diga que “Fuguet’s coinage McOndo denotes ‘a world of McDonald’s [restaurants], Macintoshes and condos.’” Yo creo que esta loco.

Al final como que recapacitan un poco estos arribistas: “Later, some McOndos reneged their literary militancy against Magical Realism; Edmundo Paz Soldán observed that ‘today, it is very clear, for many of us, that it is naïve to renounce such a wonderful tradition of political engagement on the part of the Latin American writer.’”

Dicen que los McOndo reaccionan “in direct opposition to the politically-metaphoric, rural narratives used as political discourse by the Latin American Boom generation of writers, especially the magical-realists.” Pero por Dios! Si todo lo opuesto es el caso: si algo hemos aprendido en esta clase es que el Boom era en buena medida heterogeneo en tematica, estilo y tono: solo recordemos los autores que hemos leido y los temas. Artemio Cruz es un magnate de metropolis moderna; en El Lugar sin Limites hay una configuracion alternativa de los roles sociales y la performatividad de la sexualidad, asimismo no hay una gota de “jungla tropical” o “realismo magico.” Cortazar gesticula en su obra y en su misma postura, ademanes y fonetica hacia la idea de un escritor Frances!

Lo que si es otra historia y ahi tal vez radique el origen del malentendido y la ira de la representacion o mal-representacion es que la difusion en el resto del mundo estaba condicionada por parámetros comerciales que negaban la posibilidad comercial (al mismo nivel que Cien Años de Soledad, La Muerte de Artemio Cruz) de otras estéticas Latinoamericanas.

Cierro con un fragmento del corto articulo “The Political Uses of Memory” del colega y amigo Andres Fabian Henao quien yuxtapone las reacciones a la noticia del fallecimiento de Garcia Marquez. Andres retoma la postura de Antonio Caballero editorialista en Semana y nos invita a leer a Garcia Marquez sin disasociarlo de una critica a la realidad Colombiana y Latinoamericana. Caballero dice “Gabo gave us a real and truthful image of Colombia, one that sought to arrive at the real through the magical, rather than the other way around—a real that elites still do not wish to confront.” Caballero takes issue with the words of the current Colombian President, Juan Manuel Santos, who makes Gabo into a patriotic hero, entrusting his spirit to the nationalistic agenda of the right. Whoever has read his work, Caballero remarks, quickly realizes that Gabo did nothing else in his literature than denounce the horrors of that patria which now enlists him as its spokesperson and representative. Caballero is right to say that García Márquez’s work is a political commentary and critique of the social reality which we still live in Colombia, a country still populated by “apocalyptic rains, catastrophes without story, deaths foretold, news of kidnappings, slaughter of workers, civil wars, political prisoners, military majors, thieves in the towns, corrupt politicians, dictatorships, bureaucratic frauds and delays, inquisitorial processes, demons, soulless grandmothers, dead birds, child prostitution, and a poor Liberator who everyone spits on the face.” To read One Hundred Years of Solitude disconnected from the Massacre of the Banana Plantations in 1928 is not to read Gabo at all, to ignore what still survives in the literature, and makes visible of the neo-colonial continuity of violence now taking place through the funding of paramilitary organizations by Chiquita (that reincarnation of the 1920s-era United Fruit Company denounced in One Hundred Years of Solitude).”

El comentario puede ser accedido en la siguiente direccion:

“THE POLITICAL USES OF MEMORY,” Andrés Fabián Henao Castro, https://www.massreview.org/node/348

El “Vallenato de 300 paginas” o la Historia como anti-literatura

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“Si alguno de ellos desea pasar por sabio, una sonrisa, un aplauso, un movimiento de orejas a manera de asno serán suficientes para hacer creer a los demás que él se halla al tanto de lo que se trata, pese a que en el fondo no entienda cosa alguna.”

Erasmo de Roterdam “Elogio a la Locura” Diálogos de Moria

Para el post de la semana es difícil escoger una temática única de análisis. Dada la naturaleza fractal de la narración y el carácter elíptico de la temporalidad (ideas que tienden hacia la infinitud) me limito a enunciar algunos aspectos claves para traerlos a la mesa en nuestra sesión y a anotar un par de ideas desde mi desfavorecida perspectiva. Aunque es difícil escribir sin reescribir ciegamente me gustaría proponer o rescatar la sencilla tesis de Cien Años de Soledad como evento historico-literario cuya inspiración deriva -no tanto- de otras obras siguiendo una “genealogía del signo” o cierta “ansiedad de la Influencia” (y el privilegio de los padrinos literarios, herencias, legados, etc) sino mas bien emerge de la tierra misma, no diría del contexto histórico sino mas bien del “texto” en este caso no estrictamente literario o metafísico sino el texto de la experiencia subjetiva e histórica como se entiende a traves de los sentidos y el rasocinio.
Ya Garcia Marquez lo confesaba varias veces en frases despreocupadas, “Cien Años de Soledad es un vallenato de 300 paginas” como en meditaciones mas largas

“El (Nicolas Marquez, abuelo materno de Garcia Marquez), en alguna ocasión, tuvo que matar a un hombre, siendo muy joven. El vivía en el pueblo y parece que había alguien que lo molestaba mucho y lo desafiaba, pero el no le hacia caso, hasta que llego a ser tan difícil su situación, que sencillamente le pego un tiro […] se fue y fundo un pueblo, y lo que mas recuerdo de mi abuelos que siempre me decía: “Tu no sabes lo que pesa un muerto.” Hay otra cosa que no olvido jamas que creo que tiene mucho que ver conmigo como escritor, y es que una noche me llevo al circo […] Recuerdo que, siendo muy niño, en Aracataca, donde vivíamos, mi abuelo me llevo a conocer un dromedario en el circo. Otro día, cuando le dije que no había visto el hielo, melero al campamento de la compañía bananera, ordeno abrir una caja de pargos congelados y me hizo meter la mano. De esa imagen parte todo Cien Años de Soledad
Y estos son solo dos recortes entre centenares de entrevistas y diarios que reflejan el carácter digamos “anti-literario” de Cien Años de Soledad. (Digo “anti-literario” entre comillas y cobrando cierta distancia hacia la expresión porque puede resultar un tanto desbordada; lo que se quiere acentuar es la descendencia de la novela de otra estirpe, no de la perteneciente al mundo literario entendido como expresión de una “alta” cultura burguesa sino como producto de la compilación de un sin fin de fragmentos folclóricos de sabiduría popular, de las mitologías mestizas de la region geográfica donde se establece Macondo como eje espacial, y de la precariedad de la memoria como recipiente de “imágenes” que se convertirían en claves abigarradas de la novela.)
El lector se preguntara no sin cierta razón, no son acaso los productos literarios (novelas, poemas, lírica) la materialización misma del devenir histórico trasladado al campo de la experiencia lectora del signo?
Ciertamente cualquier acontecer literario, cualquier “evento” así sea uno tan mínimo como mi lista de hacer compras o un “to do” se relaciona con la realidad. Unas lineas escritas y sin destinatario al estilo de un diario naturalmente responden y corresponden a hechos anclados en la realidad y a los cuales nuestra capacidad de razón contesta en un registro amplio de ideas. Sin embargo, lo que quiero leer en Cien Años de Soledad son varias cosas: primero la postura, o impostura, que su autor no se cansa de iterar y reiterar acerca del origen de la novela; la licencia bastante liberal que se otorga a si mismo Garcia Marquez para utilizar archivos culturales disparatados y hacerlos comunicar entre si, rasgo que me permito especular fue conducido con mucho mas ahínco y rigurosidad que cualquier otra obra del periodo; el gesto de alquimia o de artesano de los eventos que se lee entre las lineas de la novela cuando frente a nuestra mirada de lector absorta se desenvuelven las temporalidades y las lógicas sistemáticas tan disparatadas como inteligibles entre ellas (epistemologias de la multiplicidad aglomerada).
Naturalmente nadie escribe en un vaciamiento literario (tal vez, acaso Dios), existen textos e influencias (puramente literarias) y esas ya las sabemos y no hace falta repetirlas: el “Yoknapatawpha County” de Faulkner, las tragedias griegas, o su labor y vocación de periodista. Pero lo que separa, para mi perspectiva miope, o (“nearsighted” suena, otra vez, mejor) estos casos es que para escribir -y concluir con más claridad estas ideas- Cien Años de Soledad no hace falta ir mas allá de la historia nacional, la historia regional, las realidades del presente y la “disincronia” o “asincronia” textura fundamental del relato. Que Garcia Marquez ensambló una obra ya sin duda católica “entendiendo la palabra en su sentido arcaico” está más que claro; que sus inmensa capacidad narrativa y especular convirtió una historia colorida y trágica en una serie de volúmenes diáfanos y ya clásicos es un hecho que nadie niega; pero como dice Carlos Fuentes “Es un desafío para el novelista latinoamericano competir con la historia; como inventar personajes más locos, más poderosos o más imaginativos, de los que han aparecido en la historia?”

En este orden de idas regresemos a aquel “texto” mencionado anteriormente, o a una glosa sobre el texto que constituye la materia prima de Garcia Marquez.
A grandes rasgos Colombia ya de por si es un Macondo, no hace falta agregar mucho más. Y dentro del gran Macondo que es Latinoamerica, Colombia es un lugar privilegiado y maldito al mismo tiempo porque encierra en su geografia variada y acentuada a gentes igualmente contrastantes, extremas y sustancialmente opuestas. (Colombia es Latinoamerica concentrada): Colombia es el lugar por excelencia donde todo opera al reves: las lógicas occidentales (o lo que sea que pensemos al oir esta expresion) indigenas y africanas coinciden en una densidad espacial y una simultaniedad abrumadora: en contínua contradicción como en sincronia a veces: En Colombia confluyen los tres rios fundacionales de Latinoamerica (razas, “grupos ethnolinguisticos”), la geografia favorable tanto al intercambio y tráfico fácil (mezclas, mestisajes, etc) como al aislamiento, ensimismamiento (regionalismo extremo, ignorancia y superstición casi medievales, intolerancia y polarización, condensación de los rasgos regionales) (Por eso hay locos europeos del norte que abandonan la vida en sus países y se mudan a Aracataca, Mompox o Barichara.) Siguiendo al critico y escritor William Ospina me atreveria arriesgar un punto comparativo a grandes brochasos: Mexico es Latinoamerica pero ampliamente indigena y sin el rasgo africano tan marcado; por otra parte Argentina es una Latinoamerica europea de frente e indigena y criolla por atras, Brazil es similar al caso Colombiano pero mucho más extenso y bendecido por un legado portugues menos brutal que el resto del continente. Cuba, elimino sistematicamente al indio y se perfilo como un espacio blanco, homogeneo; isla moderna de frente y ansiosa a todo lo que llegar de la America del Norte o de Europa. Colombia convertida en fractal de culturas y políticas sinnúmero encierra en una cascara de nuez el espacio infinito, ese espacio que maravillaba al melancolico principe Hamlet.
Que quede claro que toda esta digamole “diatraba” de tonos nacionalistas y salteada de narscicismo no debe leerse como una promocion de un destino exotico (literario, turístico, metafisico), o como la exaltacion de una nacionalidad mejor o superior a otras en la region. Todo lo contrario, lo primero que nota el curioso historiador aficionado sobre este país es que la realidad histórica refleja siglos, cien años, o mas de cien años, no solo de soledad, sino de guerras: el triunfo sistemático de la irracionalidad colectiva e individual, la falta de espíritu de compromiso politico y cívico, y la insensatez mas básica hacia los preceptos elementales de organización política. Tristemente, la configuración de esta comunidad imaginada ha sido capaz de rescatar las ideologías mas recalcitrantes y emplear los métodos mas arcaicos para asegurar la prolongación de su desangramiento continuo.

Paradójicamente, de este “paradiso infernal” emergen situaciones que desafían el entendimiento mas básico. Acá es donde Garcia Marquez, en un gesto que niega a su legado literario nacional hasta el momento, se resuelve a tornar esta realidad accidentada, de modernidad desordenada, a veces avergonzante, a veces incomprensible en un espacio ficticio donde conviven seres miticos, al lado de generales (historicos y concretos) levemente enmascarados. En un gesto fracticida no solo rechaza las literaturas importadas y sus categorias esteticas sino que torna lo que queriamos esconder dentro de la fantasia de construirnos como pais “blanco, catolico e hispanico” hacia afuera y exteriorisa una historia oficial junto a planos marginados: la historia errante, la historia de incesto, la historia del tiempo ciclico contra el tiempo historico. Al parecer Cien Años de Soledad constituye en cierta medida un gesto historico-actual que cambia la direccion de una continua busqueda de identidad.

(Algunas ideas que no logre trabajar pero que pueden resultar fertiles puntos de conversacion)

-La “soledad” porque “no son capaces de amar” (Esto, ya lugar comun, lo han dicho varios criticos).
-El incesto es el origen de todo.
-Melquiades es el insitador estimulador de la curiosidad intelectual (cientifica, geografica, filosofica etc… ).
-La peste del olvido como una alegoria del subcontinente.
-Aureliano es el personaje mas interesante: niño con poderes ocultos, niño poeta y recluido taciturno, desenamorado dramático, militar, expedicionario eccentrico. Sus 17 hijos ilegítimos se pueden leer como la cifra del nacimiento y la  población de Latinoamérica por una España soberbia.
-Todos acaban mal, pero no en un estado deprimente de un existencialismo romanticista, un nihilismo post guerra o un trauma colectivo del campo de concentracion, mas bien acaban como vivieron, de manera colorida, supersticiosa, (Jose Arcadio Buendia) heroica, epica, (Arcadio) clasicamente tragica (Crispi).
Mito/historia: en el lenguaje, en la tematica, en los personajes mismo como “realidades.” (Hay una constante articulada en forma antagonista dentro de Cien Años de Soledad como locus de una batalla entre dos temporalidades, el tiempo ciclico y el tiempo historico).

Cortazar, el hombre de los cuentos fáciles

9788466302043

 

“La Autopista del Sur”
Me interesa resaltar la faceta de Cortazar como el observador que está presto a registrar los momentos mas inverosímiles de la cotidianidad como momentos donde podemos reempezar la condición del hombre moderno. El tema del embotellamiento y la creación de relaciones instantáneas no es mas que la fascinación por el fenómeno que experimentamos todos los días como partes constituyentes de comunidades instantáneas que se forman al azar y se diluyen casi al instante. Todos nos hemos visto envueltos en situaciones similares alguna vez, el autobús, el aeropuerto, la sala de espera. El punto es mas bien entender como Cortazar reflexiona sobre las formas de asociación y de relacionarse con los otros que emergen en el mundo diseñado por el hombre moderno (impersonalidad, contradicción, mediación absoluta por imágenes y símbolos, la atomización del hombre, etc…). Para mi el elemento fantástico -al menos aquí- aparece como la ambigüedad con respecto a la duración del tiempo que transcurrió en el embotellamiento: un par de días o un año entero (la alusión a las estaciones es clara). Aquí radica el “elemento fantástico” clave. Dejando abierta la pregunta: pasaron unas horas que parecieron meses o pasaron semanas o meses? Cortazar se permite activar en el lector la tarea cognitiva. Como sabemos la mayor preocupación de la narrativa de Cortazar busca cuestionar al lector pasivo y crédulo. Su tentativa primaria es llevarlo de receptor estatico a lector participe y permitir las multiples interpretaciones y varias lecturas posibles.
“La Salud de los Enfermos” nos deja con un sabor en la boca similar al que deja “La Señorita Cora,” en el gesto tentador pero reservado de concluir la narración un tanto intensa y depurada con una clara irresolución, o una resolución en cierto registro solamente. Esta resolución (la vieja muere apaciblemente) viene como componente casi obligatorio de lo inconcluso. (Sera que al final supo que la familia entera la engañaba amablemente? Y si supo, los quiso dejar en la ambigüedad incomoda como revancha de tanto engaño y tanta bobería?). Evidentemente la lectura básica que Cortazar nos hace entrever ligeramente es que los “sanos” son realmente los enfermos (la familia) que terminan siendo pateticos esclavos y víctimas de la mentira.  (La vieja es la mas cuerda y sana o lucida de todos, y esto es hace casi evidente al final de la historia en la que ella los deja con un mal sabor diciéndoles que no se preocuparan casi protegiéndolos de su propia mentira.)
Igual con “La Señorita Cora”: es la muerte de Pablito la piedra angular que como en un arco termina por completar la geometría de la estructura y permite que ningún componente ceda ante la presión de una narrativa irresuelta? Aparte de un fabuloso juego de voces, la fascinación de Cortazar por el humor mas mordaz y su despliegue fantástico dentro de la subjetividad de la modernidad, “La Señorita Cora” solo deja un relato amable y curioso.
En “Reunion” Cortazar se envuelve en los diarios del Che Guevara (tomando prestada la primera persona) para escribir o tal vez re-escribir una serie de entradas que cuenta como “los expedicionarios del yate” (los barbudos) tratan de aterrizar el precario “Granma” en las costas mas orientales de la isla. Como fondo abarcador el Che constantemente se pregunta por el paradero de “Luis.” Me atrevo a sugerir que Luis no puede ser otro que Fidel. Y si es asi, podriamos llevar la lectura aotro nivel y sugerir que entonces todos los nombres le dan al cuento unos toques que podrían expandirse a nivel teológico. Luis es Fidel pero hay un Pablo y un Lucas también. Pudieramos leer la imagen de la cara prestada es la metáfora de la necesidad y responsabilidad histórica de crear un nuevo orden social.  Al final, “Luis” aparece y el Che como buen escritor que era concluye con una imagen diáfana: pensando en los que dejaron y dejaran sus huesos en esta empresa, en los movimientos de las ramas mas altas de los arboles, en como cuadran bien con una sonata de Mozart que ha calado en su mente estos días, en como las ramas abren paso a estrellas perfectas que cierran la noche. Tal vez lo fantástico acá es el cuento en su totalidad: la forma arriesgada de tomar prestado un pasaje o unas paginas -de la bien documentada historia de la invasion y formación del Movimiento 26 de Julio en Cuba- del Che su mas lucido vocero y apropiarse de la experiencia leída como experiencia vivida. Lo fantástico sera la pregunta mas clara y al mismo tiempo la menos importante: quien escribió sobre La Caza y el serrano, quien vivió el desembarque miserable, etc… Cortazar es muy hábil al maniobrar tal como lo hace el Che entre lo anecdotario mas básico y las cúspides de “la alta cultura,” intercalando un tejido alucinante; todo bajo la semblanza romántica del amor revolucionario, la ilusión socialista, y las imágenes que precipitan motivos y ganas.
Creo que la “La Isla” es un cuento geometrico. Una historia aparentemente simple, acuñada entre imagenes minimas y la poetica del vuelo. La lectura primaria es basica, pero con Cortazar es mejor no quedarse en lo obvio pues cada historia, cada microcuento, cada aforismo contiene multiples posibilidades hermeneuticas. La lectura alternativa, a mi parecer, es que Marini nunca dejo el avión y que su viaje e instalación en la isla no fue sino un corto “daydreaming” que terminó cuando volvió violentamente a la realidad. La realidad como rutina o la realidad como muerte. Cortazar recurre a uno de sus temas favoritos ya mencionado anteriormente, en “Autopista al Sur,” y describe con claridad las paradojas mas evidentes de la condición moderna: el avión en vez de ser un lugar propicio para entrar en contacto con gente diversa y extraña, se lee como un espacio estéril donde la diferencia es uniformada y el tedio se prolonga irrealmente.
Y no solo el espacio del avion es el que se revierte en el cuento, para Marini las coordenadas del afecto han mutado de la misma manera: las mujeres o el erotismo con ellas es insipido, obligado y torpe. En el mar es todo lo contrario; Marini es casi una epifania corporalizada al entrar desnudo y nadar entre las olas.
En “Todos los Fuegos el Fuego” propongo a Cortazar historiador.
Veamos a Cortazar como artesano que recorta (practica fisica y material en su vida de por si) pasajes de revistas, imagenes de postales, frases, citas, etc, y los pega en un tablero. Si partimos de la premisa de Cortazar historiador entonces podriamos argumentar que tan solo se ha limitado a las técnicas de copiar y pegar dos pasajes banales (la materia prima del historiador: las fuentes primarias y secundarias) del archivo cultural occidental que coinciden en forma y contenido y pegarlos siguiendo una tecnica de intercalado y enseñando una precisión de orfebre.
Acá podemos traer la noción de las “figuras” que fascinaba a Cortazar; la idea de una constelación o una interacción de dos personas que sin conocerse o sin siquiera ser contemporáneas se relacionaban en su diseño o su patron de inscribirse en la realidad.  Lo que no sabe el Licas al pronunciar el halago “Haces bajar la propia sombra de Marte a nuestra propia provincia” (que en ingles suena definitivamente mejor: “You have brought the very shadow of Mars to our humble provincial arena”) es que efectivamente bajara Marte y todos sus fuegos: toda la poesía de la guerra que contiene.
Vemos en este logrado cuento de Cortazar la razón geométrica o el pensamiento geométrico que deleita el lector por las simetrías los contrastes claros y la fecundidad de este pensamiento a la hora de crear conexiones y paralelos. Dos triángulos amorosos inconexos, superpuestos sobre el papel y convergiendo en la imagen poética del fuego como simbolo de destruccion y destino. Si seguimos la lectura del titulo, “Todos los fuegos son el mismo fuego” también podria ser “todos los amores son el mismo” y serialmente: “todos los despechos el despecho.” Cada traición de diferente grado y forma es últimamente el arquetipo de la traición. Podemos arriesgar que Cortazar entonces veía en el fuego físico, real, el fuego que nos quema al aproximarse, la idea de la forma del fuego como lo propone Platon en su teoría de las formas? en ese caso no solo terminamos con un Cortazar historiador sino un Cortazar Platonico.

Aunque Cortazar nos tente a leer facilmente, a concluir que es “el cuentero de la posmodernidad,” de historias de sobremesa burgesa y bastante digeribles, la labor interpretativa, (o erotica siguiendo a Sontag) cuando se lee a Cortazar debe tratar de llevar al lector activo a un segundo plano de lectura (o al orden del juego y los acertijos) que poblan sus micronarrativas. Ordenes alegóricos o metonimicos que insertan en el diario vivir y la insanidad moderna pasajes de otros mundos… otras poeticas que cobran resonancia en el presente.

Saludos

Paradiso: la búsqueda de un nuevo lenguaje

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Qué se puede escribir acerca de Paradiso que sea original y fresco, todo y nada? Qué decir sobre un laberinto (sin perdición) del cual mucho o todo se ha dicho por otros?
Podría comenzar consolandome: Paradiso, hasta donde he logrado arar mi camino -mitad del capitulo IV- es un relato tan denso que nos desanima, un fruto tan sabroso y concentrado que nos lastima la ilusión sensorial, una épica tan enarbolada que no se puede separar que sus adornos. Como muchos me encuentro a una obra que reta el uso de la razón organizativa, como muchos la frustración vence inevitable sobre el propósito de lectura, como muchos no logro superar todos los aparatos retóricos que se despliegan sin pudor. Pero dejando el susto y la ansiedad (creo que la ansiedad es parte constituyente del acto de leer, específicamente en los segundos y partículas de segundos que demora la creación de significado) de lado podríamos arriesgar algunas notas y elaborar un comentario no del todo mediocre. Inevitable comentar sobre Paradiso y no aludir a la forma: ya se ha dicho desde que salió de la casa de imprenta por alla por el ’66: Es un desfile de lo barroco en su esplendor, agregaría yo un barroco europeo, específicamente sur europeo (que recordemos se desenvolvía ferozmente contra las estéticas austeras y los preceptos radicales del protestantismo naciente) combinando toda la riqueza del crisol de razas de aquella region con la fuerza americana expresada en la fauna, la naturaleza, las comidas, los sabores, el temperamento de sus productos mestizos, la condición que trae el clima, en fin todo lo que deslumbraba a los europeos. Eso a grandes rasgos constituye la caja de herramientas que LL usa para la forma de su novela (podríamos especular que seria una antinovela) claro esta, agregándole el imaginario del mundo clásico y de la España pre-expulsion.
Y es debido al uso salvaje y sabio que LL adjudica a la forma (el deber de formar y desformar nuestro pensamiento como a el le antoja mas de una vez) que Paradiso mas que una novela es una manera de pensar. Consiste en un manual de instrucciones para empezar a operar nuestras lineas de pensamiento en relación al lenguaje y la función narrativa: LL nos echa encima promiscuamente metáforas similes, relaciones, equivalencias muy de su gusto y así convierte el texto en un espacio denso de lecturas tupidas; inevitable en creación polisemantica. LL, creo yo, quiere enseñarnos a pensar de otra manera, como un padre le enseña a su hijo las reglas del lenguaje y lo obliga a ceñirse a las convenciones, así mismo el libro nos quiere hacer descubrir -como clarifica en el epígrafe una nueva tarea, un reto… “para que los jóvenes insistan en lo que no comprenden, que vuelvan sobre lo que no entienden porque al final los ojos se abrirán ante un mundo maravilloso.” Para que, y esta es mi especulación cuya próxima y conjunta evaluación agradezco ocurra mañana, nos alejemos de un lenguaje automático que -mas que gastado por los requerimientos del orden económico de un capitalismo avanzado- se encuentra ya mutilado, evacuado de cualquier anclaje y subsirviente a las demandas y juicios valorativos que emergen en la época: eficiencia, lenguaje de consumo, prioridades de digestion, un lenguaje subordinado a la maxima ampliación del capital y el mínimo uso de energía. LL quiere crear el idioma en su riqueza para que esta se vea reflejada en las experiencias propias.
Mencioné “antinovela,” acá doy crédito a los comentarios de Eloisa donde ella misma especula que en vez de novela estaríamos frente a un mamut pero antinovelesco. Según su tesis “Paradiso no busca exhaustiva descripción de caracteres ni la construcción de acción.” Siendo esto lo que define la novela. Ella se decide por “antinovela” porque Paradiso cuadra bastante bien con su sentencia “LL en su libro busca una difusa descripción de caracteres y lugares y suma de acciones o lo que uno asume que son acciones episódicas, autónomas, fragmentarias como la vida.” Agregaría yo que LL busca constante pero también desorientadamente el resplandor de la poesía; el resplandor perdido. La tesis de Eloisa me entretiene aunque me gustaría escuchar algunas respuestas en la sesión mañana. Si modulamos otra definición seguramente encontraremos otra variable. De alguna manera el ejercicio de la hermenéutica se asemeja a la investigación histórica, “los historiadores buscan sus propias fuentes para contestar su preguntas prefabricadas.”
Por ahora mido mis pensamientos y confieso que Bruno ha dado en la diana al recordarnos cuan maleables somos y cuan descentrada esta lo que mal llamamos “identidad;” uno leyendo LL se deja moldear, así como se deja cuando se lee a otros. La diferencia es la fuerza.

Notas marginales:
Paradiso me parece mas que un Lam un Portocarrero.
Mucha comida, pero no como comida sino como símbolos usados desde su exoticidad su capacidad especulativa.
Los niños hablan como el narrador!
LL inventa sus palabras con elocuente arrogancia fascinante.

El Lugar sin Limites: anti-narración y la venganza del campo

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No sé si pudiera considerar El Lugar sin Limites narrativa. Es mas bien una serie de imágenes, una secuencia de diálogos y “explicaciones” que van ayudando al lector a guiarse dentro de la obra: a formar algún “significado.” Parece que Donoso en este sentido estaba mas allá de sus contemporáneos del “Boom” en términos de forma y técnica. En la novela (sera acaso una novela quizas?) no pasa nada: todo esta dado, todo ha ocurrido, y seguirá ocurriendo como lo profetizan varias voces siempre desde la resignación y el fracaso. Donoso no despliega un universo en un día como ocurre en el Ulises de Joyce ni la infinita narrativa de un Proust en su Tiempo Perdido, mucho menos va dibujando al por menor sus personajes -en flashbacks y voces semi conscientes, o en “escritura automática” que parece ser el medio que nos permite dialogar con la historia de Artemio Cruz. Su temporalidad es sencilla, salvo un par de saltos hacia el pasado acerca del affair entre la Manuela y la Japonesa, Donoso parece mas bien guiarnos mientras rescatamos una caja de fotografías y las sorteamos en desorden. Así, una a una, van saliendo memorias, recuerdos, y se cose la historia de nada: se echa a andar un registro panorámico de la triste y moribunda area del Olivo. La Manuela sigue o seguirá en sus rondas, por la “Vereda Tropical,” la Japonesita no deviene en puta ni se marcha a Talca tampoco, don Alejo no fallece ni se concluye un final para el poblado (“destrucción como positividad” para crear campos de uva) o resistencia y movilización contra los planes de don Alejo, o arreglo a medias entre fuerzas… ninguna variable se materializa. Es precisamente porque acá no hay formas clásicas de nudos y desenlaces, ni siquiera una aproximación vanguardista para transformar la misma (como resistencia a formas narrativas burguesas u obsoletas), sino mas bien una galería “anti-telica” sin mas propósito que dejarnos ver como se ve desde la grieta de una puerta medio abierta una imagen cualquiera: cuatro perros negros corriendo por un lote, un burdel en la cuspide del goce, un cuerpo cayendo al rio, etc.
-Un par de observaciones: el espacio, es un libro donde el espacio esta mas presente que en cualquiera de los que hemos leído hasta ahora, o en el cual tal vez su densidad es tan fuerte que se echa a rodar una dialéctica bastante evidente entre sujeto-espacio: cada vez es mas fácil reconocer como las descripciones de unos se pueden intercambiar por otros, o como las imágenes y los paisajes en su decaer preceden la decrepitud de los cuerpos huecos que se pasean por el Lugar. Hasta la Japonesita que no llega a los 18 parece mas un trapo que cualquier otra cosa. Se ha mencionado la importancia de la casa como vehículo para hablar de células, celdas, etc. Aunque la casa esta ciertamente localizada como eje espacial del Limite, y todo el actuar de los personajes se activa como deseo por la casa (como una objetivizacion de “ser propietaria”) me parece que es su espacio opuesto: las viñas, la “longitudinal,” los potreros y lotes, las calles, etc, lo que delimita la casa en si, que cobra mas importancia acá (decir “cobrar” es tal vez poco, pues son estos espacios los que compiten con el espacio de la casa y la van a borrar; vemos tal vez la inversion de una dicotomia ciudad-campo). Al final la casa va a desaparecer no por su propio peso, por su propio rol histórico sino por la expansion de modelos de agricultura intensiva y monopolios que la devoran lentamente y devoraran el Olivo eventualmente. El paisaje, asentado y estático aparentemente, es el dispositivo principal de desplazamiento: los campos, tan anchos, tan “libres” tan amplios para poder escapar se dibujan como todo lo opuesto: inmensas cárceles de donde nadie puede salir, ni siquiera Pancho con su fantasia de acabar violentamente esta condena miserable. Estas no son ruinas o paisajes decadentes que remontan a pasados imperiales o imaginaciones burguesas acerca de un gran ayer. Mas bien el Lugar dibuja restos, escombros (not ruins but rubble) que demarca una subjetividad como metáfora ontológica: ruinas viviendo dentro de ruinas. El galpón al que le llueve una mañana fría, los rieles deshechos, tramos de tierra abandonados que sirven de frontera mobil entre la acumulacion de capital como viña amenazante y el pueblo como un despojo infeliz.
-Alejo, don Alejo es un pequeno y miserable Artemio Cruz.
-Manuela, muy compleja: fragmentación. Es varios “yos” dentro de El Lugar.
Ella es varón , pero también es mujer (Manuela), también es “maricon” o por instantes algo intermedio entre las dos anteriores. Es “Papa,” pero también fue “Mama” o es “Mama” es la dueña ahora que la Japonesa ha muerto pero también juega con el papel de puta o por lo menos de bailarina dentro de la casa. Es miembro de la sociedad, por lo menos encuentra buena sombra bajo el árbol de don Alejo, pero es intrínsecamente marginal, un “monstro degenerado.” Puede ser la multiplicidad cosmopolita dentro de la mas rigurosa sociedad provincial.

La ciudad y los Perros

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Para retomar en continuidad desde la temática del post sobre Artemio Cruz, comenzamos esta breve charla sobre La Ciudad y los Perros con el tópico del machismo. Impregnando toda la obra, se percibe como una noción idealizada se ha convertido en un patrón recurrente dentro de las actitudes y gestos que los amigos del 5o año exhiben. Naturalmente estamos hablando de un colegio militar donde no solo ellos sino toda la estructura esta concebida y construida dentro de esta normativa social. Apropósito del colegio, podemos pensar esta institución como lugar de comunidad donde el cemento social se define en lo negativo: es institución recipiente de personas que no quieren estar allí; ese es tal vez el único lazo que los puede aglutinar en concepto. En algun momento el teniente Gamboa confiesa que al final en el colegio la mitad esta alli para no devenir en criminales y la otra mitad para no terminar siendo maricas.
También quiero pensar sobre la separación entre vida militar y vida civil: no solo son evidentemente aparatos propios de las “sociedades de control” dentro de la definición Foucauldiana sino que producen subjetividad de formas muy diferentes. Se podría hasta arriesgar que son aparatos productores de sujetos esquizofrénicos.
Podríamos especular que tal vez lo único que enlaza a los tres sujetos protagonistas (aparte de estar alli desde lo negativo) es el deseo por la mujer. Y esta juega como eje concéntrico de un diagrama donde los tres convergen.
Incluyamos la idea del post de Jon acá como halago a la estrategia de Vargas Llosa para construir casos de fragmentación (dentro de la forma y el contenido) de subjetividad dentro de estructuras opresivas y homogenizantes.
La Teresa, mujer humilde aunque pulcra y decente (idealización masculina heteronormativa que ha dado muchas excusas para que los detractores le recuerden al Boom su carácter de tendencias machistas y sexista). La pies dorados es la némesis de Teresa (hay que recoger tal vez un pasaje de Jean Franco y anotarlo. Su tesis, muy simplificada: el patrón en la narrativa Latinoamericana: mujer “como puta” o mujer “como virgen;” si ninguna, entonces, mujer casada “mujer como madre”).
El libro estereotipa a sus personajes (si podemos hablar de personajes ya) y así trate de usar este estereotipo como arma para combatir esas nociones, (como arma contra si mismo, que es lo que yo sospecho) termina reproduciéndolos, recordemos el capitulo de la Dialectica de la Ilustración acerca de los limites del iluminismo “The Elements of Anti-Semitism: The Limits of Enlightenment ”
El indio: sujeto historicamente oprimido, “pobre serrano, es duro ser serrano.”
El negro: sujeto sexual “el uniforme les atrae a las hembritas”
Los estereotipos sociales: el pobre habil y laconico, el sujeto clase media identificable, y el sujeto anti-identificable: tesis Jaguar; antítesis Esclavo; síntesis Alberto.
La estructura militar: opresiva, machista, esencialista, hipócrita
La iglesia, una institución de opresión y complicidad, falsa y doble.
La academia, a través del profesor de Frances, emasculada, desfasada con la realidad y las exigencias de la juventud y el mundo practico. Hasta aca los estereotipos.
Leyendo sobre la superficie encontramos el pasaje explicativo que Vargas Llosa confronta acerca de la ambigüedad en tanto a la muerte del esclavo: accidente o Jaguar: dos premisas. Expuesto en premisas:
Si el Jaguar confiesa que el efectivamente mato al esclavo gana prestigio simbólico como autoridad, pero pierde en términos materiales concretos (humillación, expulsión, reprobación) Si el Jaguar esconde su crimen entonces gana en términos concretos pero no obtiene beneficios de reconocimiento simbólico.
Retomando la constante de la experiencia militar como analoga a la sociedad seamos cuidadosos con los esquemas de “microcosmos,” pues dentro dentro de aparatos como el ejercito se excluyen por fuerza propia de la institución segmentos y subjetividad que constituyen una la idea imaginada de comunidad nacional. Muy bien anota Bruno se crean, o diria yo se acentuan “valores” y “anti valores”
Podríamos, para terminar, esbosar un contextual historico, apuntar que con La Ciudad y los Perros dejamos la narrativa regionalista de los espacios: la novela de las montañas, de los rios, de la region, tambien los protagonistas (no son el gaucho, el llanero, el hacendado.)
Primariamente lo que tenemos es una novela urbana, sofisticada, realista y parcialmente alegórica de la sociedad peruana.
(Notese que aunque tratemos obras claves dentro del fenómeno del Boom, no estamos hablando de un realismo mágico o de lo real maravilloso [el asombro])

La Muerte de Artemio Cruz

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Para salir un poco de la repetición y las ideas sobreexpuestas voy a dejar algunos pensamientos aforísticos en el aire. Solo como puntos de partida para pensar mas sobre la novela:

– Encontramos una violencia excesiva que no tiene contención: violencia concreta (masacres, rebeliones, etc) pero también violencia simbólica, social y cultural. En Roa Bastos y hoy en Fuentes somos testigos de un desborde incontrolable, de un surplus de violencia de toda tipología. Como podemos reconciliar o al menos teorizar sobre la literatura latinoamericana que estamos leyendo y este desaforado orden histórico.
-Recogiendo un poco del comentario de Bruno y como derivado del punto anterior general: como podemos entender el machismo en la región. No solo como corriente histórica concreta sino como constante en todas las actividades que conciernen la labor y la sociedad Latinoamericana; al mismo tiempo la representación y su critica desde el campo alegórico. Como podemos en particular, entender esta ideología dentro de la operancia del sujeto histórico mexicano.
-La revolución como degeneración: como un legado tan rico -como fue el proceso de la revolución mexicana- deviene en un estado de monopolios, cooptación, y represión estatal.
-La estética de los fracasos. Acá podemos recoger varias temáticas y ejemplos de Hijo de Hombre.
-La narración mas allá de sus técnicas y sus recursos literarios sirve como vehículo que usa Fuentes para entender quien gano y quien perdió en el orden del México pos-revolucionario.
-El texto es en su complejidad un texto de memoria, mas la palabra memoria se presenta apenas dos veces en todo el libro. Que enlace podemos elaborar entre las culturas de la memoria contemporáneas y el uso (o falta de este) como herramienta narrativa que Fuentes (o también Roa Bastos) le dan al termino?
-Si las obras que hemos leído pueden considerarse alegóricas y critica inmanente a la región, donde podríamos encontrar un equivalente en la literatura del norte global?
-Propongo arriesgar la tesis prematura: si desde Macario y Miguel Vera veíamos desde abajo, con Artemio Cruz obtenemos la posición dominante desde la perspectiva del poder.
-Asistir a la construcción de imperios económicos desde La Muerte de Artemio Cruz, es sentarse en primera fila a presenciar el despojo y la dialéctica acumulación/precarizacion que ha minado la historia de la región dentro de diferentes matices y teniendo en cuenta los tonos nacionales.

Hijo de Hombre II

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¿Qué decir acerca de una novela que lo deja a uno sin palabras? Jon, en una glosa muy breve pero concisa hacia un comentario general sobre la guerra no solo como “evento par excellence histórico,” sino como palanca ontológica que recoge la subjetividad colectiva y la termina sustentando enteramente. De ahi el desasosiego de los que regresan del frente: una extraña mezcla de melancolía y cansancio, un abandono afectivo hacia el presente y como dice Vera acerca de los de su generación “Pertenezco a una clase de gente para la cual no cuenta el futuro, y cuya soledad no es mas que la incapacidad de amar y comprender sus imágenes hechizadas de nostalgia.” Expresiones similares solían marcar el testimonio de las víctimas sobrevivientes de los campos de concentración y los campos de trabajo que trataban de mostrarse en sus versiones y recuerdos coherentes y “normales” ante los medios o la opinion de la sociedad, no hay que ir mas lejos y recordar el animo indiferente y hasta retador de Imre Kertész el protagonista de la novela y luego film Fateless.

Estos hombres han palpado una densidad de existencia desconocida para muchos y por lo tanto el regreso a la vida cotidiana de problemas y rutinas menores les parece a algunos poco atractiva y a los menos hábiles completamente insostenible. Hay en ellos no solo una confusion general y la operancia de argumentos desorientados en el mejor de los casos, sino que su vida posconflico parece desenvolverse bajo el signo del “eco.” Es así que en la parte 10 el pobre Crisanto se vea tan desorbitado en su estado de conciencia “indiferente a todo lo que no fuera el gran eco que ahora ocupaba su vida.” Esta noción de “eco” no es muy distinta ha la especulación que Freud trataba de tejer acerca del síndrome Shell Shock que venia apareciendo rápidamente con los primeros muchachos desmovilizados que llegaban a casa durante la Gran Guerra. En pocas palabras, el veterano que regresa no sabe porque le toma un par de segundos mas aprehender la realidad, ha visto su propia muerte en una fracción de segundo y por causa del efecto de retraso (que existe entre la imagen sensorial y la asimilación a la conciencia y desciframiento de lo que significa para el) no logra salir de un estado absorto de pasividad. El trauma psicológico se ha inscrito en el inconsciente y ahora se hace manifestación en la vida del soldado. Son los primeros apuntes hacia lo que después conoceríamos como PTSD. El termino “eco” marca la conciencia por venir de estos pobres mutilados hasta su muerte: el martillo de la guerra sigue amplificandose y ejerciendo fuerza en la distancia.

Dos puntos que me llamaron la atención como imagenes que Roa Bastos dibuja con delicadeza y deja en el aire: El Zurdo y la etimologia breve de “Sabiduría” en Guarani.

El Zurdo es la voz de la izquierda teórica hecha preso, hablador y chancero. Sin embargo no vemos un desarrollo tan rico como pudiera haber sido escrito, un desglosaje un poquito mas comprehensivo sobre todo el bagaje cultural y teórico “Marxista” o “Comunista”y la historia de estas ideas en el cono sur Latinoamericano, al menos desde lo anecdótico. Roa Bastos nos ofrece una mirada corta y hasta jocosa pero el relato prefiere concentrarse en las tardes de contemplación del rio mientras el narrador permanece preso por su cooperación con los rebeldes. Hay una linea que me hizo recordar el carácter dialéctico de estas ideas y me tentó un poco… pero mas que dialéctico podríamos decir mas oriental, como una linea sacada del libro del Tao, mientras el Zurdo trata de hacer hermandad con Vera le dice “Hay lo viejo que muere y lo nuevo que nace, pero en usted mismo.”

Sabiduría significa en Guarani sentir-sobre-el-tiempo: bella manera de entender el termino que difiere mucho de la concepción occidental, mas volcada hacia el acumular conocimiento y autoridad. No es coincidencia que recuerda las nociones orientales que ponen énfasis en una aproximación holistica y colectiva en relación a experiencia, belleza, harmonía, atención a causantes y posibles causas futuras, no alteración de un orden delicado, etc. Es valioso rescatar estas etimologías para enriquecer nuestro léxico como profesionales del lenguaje. Estos atisbos fugaces de otras bellezas, de otras formas de Weltanschauung, permiten indagar mas allá de los marcos analíticos disponibles y entender mejor como estos pueblos masacrados una y otra vez entendían el mundo.

“Esta muerte blanca…”

Hijo de Hombre: tierra y violencia

89 - Augusto Roa Bastos - Hijo de hombre

Las 20 o 30 páginas que he podido leer revelan una narrativa basada en las reminiscencias del autor, cargadas de mucho dolor: angustias, historias marcadas por la guerra y el saqueo, pero sobretodo teñida por la cualidad mágica del recuerdo de la infancia que tiende a moverse como péndulo entre el hecho objetivo y la recolección variada y dispersa que se organiza como lenguaje en el presente. La prosa de Hijo de Hombre se lee clara y acertada aunque a veces podría economizar en adjetivos y cualificaciones. Naturalmente se trata de poéticas propias de una región y un tiempo ya separados por una brecha amplia que navegan alrededor de otros encuadres y sensibilidades. Su narrativa también se diferencia de otros autores de la época por saber manejar el bilingüismo castellano-guaraní que recupera la riqueza del segundo sin descender a los folklorismos o la exotizaciones enmarcadas en visiones dominantes extranjeras. Hay que reconocerle a Roa Bastos su proyección histórica y literaria que recoge desde un pasado traumatizado y “ninguneado” los escombros de todo un sistema cosmológico y epistemologías propias de estos grupos originarios los fragmentos que aún quedan en la memoria y la tradición oral de sus descendientes y los mestizos del Paraguay. En este sentido Roa Bastos estaba muy adelantado a los criterios de multiculturalismo y las políticas del lenguaje que décadas después vinieran a moldear la relación en tanto lenguaje, historia y dominio cultural. Por lo poco que pude leer hasta ahora, me parece que en el trasfondo de la temática de Roa Bastos figura recurrentemente la tipología de la violencia territorial: el despojo originario; los desplazamientos de épocas independentistas y sus recompensas a grandes generales y hombres de armas que devendrían en hacendados déspotas y latifundios de explotación y dominancia; las guerras de mitad del XIX con todos sus muertos, sus hijos huérfanos y bastardos que serían los protagonistas de épocas nacionalistas, desarrollistas y de modernización “desde arriba” implementada de forma cruenta -para no ir más allá; la constante opresión histórica ya entrado el siglo XX, leída como la acumulación de miseria, la urbanización mal manejada y la ruralización y precarización de las ciudades latinoamericanas; en fin, su narrativa se puede leer como el signo histórico de la “contra-modernización” o el lado oculto de los proyectos positivistas que desde el iluminismo hasta hoy han marcado las ideas sobre y para Latinoamérica. Tomando prestadas las palabras de Alberto Cousté, Hijo de Hombre es “una tentativa profunda para entender el rostro vergonzante de América Latina, los subsuelos de horror sobre los que un continente colonizado y ofendido.” Volviendo a las ideas sobre territorialidad podemos entender las narrativas regionales como el registro de la colonización, o al menos un tema -que como una corriente engañosa en rio manso- permea otras temáticas más explicitas con una serie de leitmotivs: abuso, precariedad, el rostro sangrado y el sabor de la traición. Es el momento donde el colono en cualquiera de sus iteraciones: español adelantado, europeo industrialista, empresario criollo, o sencillamente hombre de negocios neoliberal, se inscribe en la política y la tierra -se forma este dibujo desde la precariedad de la enunciación del otro, el campesino, el mestizo, el villero, el indigente, o para Roa Bastos, el hijo de hombre .