La ciudad y los Perros

la ciudad

Para retomar en continuidad desde la temática del post sobre Artemio Cruz, comenzamos esta breve charla sobre La Ciudad y los Perros con el tópico del machismo. Impregnando toda la obra, se percibe como una noción idealizada se ha convertido en un patrón recurrente dentro de las actitudes y gestos que los amigos del 5o año exhiben. Naturalmente estamos hablando de un colegio militar donde no solo ellos sino toda la estructura esta concebida y construida dentro de esta normativa social. Apropósito del colegio, podemos pensar esta institución como lugar de comunidad donde el cemento social se define en lo negativo: es institución recipiente de personas que no quieren estar allí; ese es tal vez el único lazo que los puede aglutinar en concepto. En algun momento el teniente Gamboa confiesa que al final en el colegio la mitad esta alli para no devenir en criminales y la otra mitad para no terminar siendo maricas.
También quiero pensar sobre la separación entre vida militar y vida civil: no solo son evidentemente aparatos propios de las “sociedades de control” dentro de la definición Foucauldiana sino que producen subjetividad de formas muy diferentes. Se podría hasta arriesgar que son aparatos productores de sujetos esquizofrénicos.
Podríamos especular que tal vez lo único que enlaza a los tres sujetos protagonistas (aparte de estar alli desde lo negativo) es el deseo por la mujer. Y esta juega como eje concéntrico de un diagrama donde los tres convergen.
Incluyamos la idea del post de Jon acá como halago a la estrategia de Vargas Llosa para construir casos de fragmentación (dentro de la forma y el contenido) de subjetividad dentro de estructuras opresivas y homogenizantes.
La Teresa, mujer humilde aunque pulcra y decente (idealización masculina heteronormativa que ha dado muchas excusas para que los detractores le recuerden al Boom su carácter de tendencias machistas y sexista). La pies dorados es la némesis de Teresa (hay que recoger tal vez un pasaje de Jean Franco y anotarlo. Su tesis, muy simplificada: el patrón en la narrativa Latinoamericana: mujer “como puta” o mujer “como virgen;” si ninguna, entonces, mujer casada “mujer como madre”).
El libro estereotipa a sus personajes (si podemos hablar de personajes ya) y así trate de usar este estereotipo como arma para combatir esas nociones, (como arma contra si mismo, que es lo que yo sospecho) termina reproduciéndolos, recordemos el capitulo de la Dialectica de la Ilustración acerca de los limites del iluminismo “The Elements of Anti-Semitism: The Limits of Enlightenment ”
El indio: sujeto historicamente oprimido, “pobre serrano, es duro ser serrano.”
El negro: sujeto sexual “el uniforme les atrae a las hembritas”
Los estereotipos sociales: el pobre habil y laconico, el sujeto clase media identificable, y el sujeto anti-identificable: tesis Jaguar; antítesis Esclavo; síntesis Alberto.
La estructura militar: opresiva, machista, esencialista, hipócrita
La iglesia, una institución de opresión y complicidad, falsa y doble.
La academia, a través del profesor de Frances, emasculada, desfasada con la realidad y las exigencias de la juventud y el mundo practico. Hasta aca los estereotipos.
Leyendo sobre la superficie encontramos el pasaje explicativo que Vargas Llosa confronta acerca de la ambigüedad en tanto a la muerte del esclavo: accidente o Jaguar: dos premisas. Expuesto en premisas:
Si el Jaguar confiesa que el efectivamente mato al esclavo gana prestigio simbólico como autoridad, pero pierde en términos materiales concretos (humillación, expulsión, reprobación) Si el Jaguar esconde su crimen entonces gana en términos concretos pero no obtiene beneficios de reconocimiento simbólico.
Retomando la constante de la experiencia militar como analoga a la sociedad seamos cuidadosos con los esquemas de “microcosmos,” pues dentro dentro de aparatos como el ejercito se excluyen por fuerza propia de la institución segmentos y subjetividad que constituyen una la idea imaginada de comunidad nacional. Muy bien anota Bruno se crean, o diria yo se acentuan “valores” y “anti valores”
Podríamos, para terminar, esbosar un contextual historico, apuntar que con La Ciudad y los Perros dejamos la narrativa regionalista de los espacios: la novela de las montañas, de los rios, de la region, tambien los protagonistas (no son el gaucho, el llanero, el hacendado.)
Primariamente lo que tenemos es una novela urbana, sofisticada, realista y parcialmente alegórica de la sociedad peruana.
(Notese que aunque tratemos obras claves dentro del fenómeno del Boom, no estamos hablando de un realismo mágico o de lo real maravilloso [el asombro])

4 thoughts on “La ciudad y los Perros

  1. ¿Realmente es el libro como proyecto el que estereotipa a sus personajes? ¿O, más bien, son los personajes mismos, que se van construyendo poco a poco, los que reproducen esos estereotipos que, justamente, el Leoncio Prado se encarga de reforzar?
    Por otro lado, yo diría que es un poco más que parcialmente alegórica de la sociedad peruana.
    Varias cosas para discutir.

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  2. Sigiendo a Jon yo diria Bruno que ninguna de las dos ya que no hay “personajes” sino “efectos textuales.” Pero aparte de eso que si MVLL estereotipa o no esta mas alla del punto: el aparato de control como dije, creo que enfatiza o atenua ciertas subjetividades en tanto obliga a una confirmacion casi total. Sin embargo para que MVLL plasme en su narrativa estas subjetividades tiene que haber un recurso a la razon imaginativa. Ciertamente, el texto se basa en experiencias concretas que en la narrativa se explotan o se suprimen, en fin, se median bajo la textualidad. Si el autor minimiza o agranda ya es su prerogativa.

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  3. Sinceramente no veo a los personajes tan estereotipados, suelto una observación de muchas otras que se podrían hacer: un muchacho sin familia y ya práctico del robo quien pide a su padrino de entrar en un colegio militar. El “hijo perdido” que se quiere instalar en un lugar de disciplina y opresión; me parece más bien novedoso.

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  4. Claro, no estamos hablando acá de estereotipos vulgares o explícitos, aunque muy claros y jocosos a veces, sino de una traslación artística muy bien lograda desde la realidad y la experiencia a través de la razón y el lenguaje hacia la novela como sofisticado proyecto narrativo y alegórico (a medias). Que “el muchacho sin familia” o el ‘hijo perdido’ terminen deseando y convirtiendose en maquinas de deseo dentro del aparato disciplinario no debe sorprendernos: si algo debería soprendernos es que no lo hayan linguistificado antes.
    Digo a medias porque no podemos pensar en reproducciones micro de la sociedad dentro de una estructura donde códigos y valores y anti-valores que ciertamente coinciden y se comparten con los “societales” a grosso modo son llevados a extremos como el fetiche de la disciplina, y la patria. Un ejemplo básico: en la sociedad civil el sistema de valor de cambio determina una estructura de opresión basada en la abstracción de un equivalente general y cuyo surplus en acumulación se representa en poder. En el colegio, la explotación responde a otra dinámica y el surplus podríamos decir es la acumulación de temor de los otros, seria el Jaguar el que mas acumula esta “commodity.” Los quiebres de la sociedad también se dan como lo sabemos muy bien por lineas raciales; en la novela ciertamente hay jerarquía y prejuicios (o reproducción de prejuicios) pero también hay otros sistemas valorizantes como el coraje, la resistencia y la “hombría” que entran a formar parte en este caso con mucha mas repercusión que en la sociedad “at large.”
    Saludos.

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