Es raro y hasta anacrónico escribir sobre fútbol. Tan raro como escribir sobre ópera o música barroca. El deporte debe ser practicado, a lo más, (como siempre ha sido), observado por unos pocos sentados a la sombra y protegidos por un título o una muralla imperial. ¿Pero, quién escribe sobre el fútbol? ¿Qué filosofo o qué novelista piensa desde el fútbol o desde el tenis o el basketball?[1] Y sin embargo hay cantidad de portales, páginas web y periódicos de papel y artículos académicos que siguen escribiendo todos los días sobre partidos locales, compras y ventas de jugadores estadísticas en tablas que nadie entiende, etc. Es una literatura que se lee, y se vende bien.
Pero aparte, ¿qué tiene de especial el fútbol? ¿Será su aparente sencillez? ¿Será la facilidad del cuerpo de entender el balón: esférico, predecible, a escala humana, de cierta armonía en su geometría… ¿Cuál es la gracia de una pelota? O más coloquialmente: ¿Cuál es el chiste de un balón? En otras palabras, ¿qué tiene o que puede hacernos hacer un balón? No hace falta una respuesta escrita, la respuesta se encuentra a nuestro alrededor: carnaval, violencia, intensidad de afectos, euforia, etc. Si alguien quiere saber cuál es el poder de la pelota o qué puede hacer un simple objeto como una pelota, ahí tiene su respuesta. Esa pelota y 22 tipos corriendo detrás de ella puede hacer mucho, quizás más que decenas de libros largos, olvidados y digitalizados pero vueltos a olvidar. Y sin embargo acá estamos, escribiendo sobre el juego, y jugando con el lenguaje. Tratando de reflexionar quizás desde el cuerpo, los cuerpos y no tanto desde lo cerebral, quizás desde la televisión, desde el celular, la cuadra, el barrio, el bar, desde todos esos lugares y sus respectivas lógicas.
Lo que sigue son siete apuntes de cómo el fútbol ha cambiado con respecto a la historia reciente y como los cambios recientes han transformado el juego y las instituciones que proclaman gobernarlo: más que “lecciones” son reflexiones de como entender el mundo desde la praxis y la representación de este deporte.

Lección 1. Que ningún suizo, o europeo en general, me vuelva a hablar de “corrupción en Latinoamérica” o en el “developing world.”
En tal caso solo mencionaré dos nombres propios: “Sepp Blatter” y Gianni Infantino.” La corrupción, al contrario de lo que creen muchos europeos desfasados, no es la excepción de los países del sur, los países jóvenes y “mal administrados;” al contrario, es uno de los principios organizativos del torneo, manejado, como todos sabemos, por la FIFA, establecida y radicada, como todos sabemos, en Zúrich, Suiza.
Nota personal: (1) trasnocharme leyendo sobre la cadena de sobornos y juegos amañados cada vez más comunes desde que la FIFA se financializó en los 70’s bajo la tutela de João de Havelange. (2) aguantarme debido a mi profesión interminables sesiones académicas estadounidenses y canadienses donde por décadas profesores de ciencia política (o carcasas de lo que fueron profesores) sermonean sobre las mismas deficiencias, atrasos y subdesarrollos usando las mismas metodologías rancias a la Walt Rostow.
Ya es bien sabido. Mucho antes del primer encuentro, miles de millones de dólares ya habían cambiado de manos. Estadios, contratos de transmisión, derechos de hospitalidad, proyectos de construcción, acuerdos de patrocinio, campañas de lobby y negociaciones políticas con diferentes niveles de gobierno (nacional, departamental, municipal) revelan que el Mundial es simultáneamente un evento deportivo y uno de los mayores espectáculos de corrupción y transa global.
El espectáculo depende no solo de la excelencia atlética, sino también de acuerdos financieros que con frecuencia difuminan la línea entre la inversión pública y el enriquecimiento privado. La realidad concreta del estancamiento económico global, acompañada con ganancias en las bolsas del mundo sin precedentes demuestra que no existe una división entre lo privado y lo público, sino que ambas instancias institucionales han estado superpuestas desde siempre en el patrón de acumulación que ahora agudiza su exculpación. La contradicción a partir de la imagen de “juego limpio” contrastada con la cadena de escándalos, investigaciones y arrestos de cuello blanco ya es bien sabida. Lo que surge como paradoja esencial y síntoma del nuevo estadio de la crisis del capitalismo agudo pos-(neo)liberal es la relación entre estancamiento global y al mismo tiempo récord de ganancias privadas. La Copa Mundial del 2026 será recordada como la más opulenta y rentable (hasta ahora) a pesar y a la vez que los estados y en específico los estados que la albergan, Mexico, Estados Unidos y Canadá, (sobre todo los dos últimos) retornan a caminos de neo austeridad, abandono de compromisos sociales o ecológicos, y en Estados Unidos específicamente, todo esto acompañado por una desatada ansia de la clase política dirigente de enriquecerse a como dé lugar y sin apologías. La coincidencia y conjugación de los Estados Unidos de Donald Trump y la Copa Mundial de Infantino parecen ser un cruel chiste de la realidad en un mundo ya traumado debido a las guerras de Ucrania, Gaza, Irán, y la zozobra de las persecuciones extrajudiciales de ICE.
Lección 2. El colonialismo reaparece entre comentarios deportivos, cortos de Instagram/YouTube y en la opinión. Nunca desapareció; simplemente se disfrazó.
Nota personal: ver cómo fans de origen indio o africano le hacen barra a Inglaterra o Francia, su antiguo agente colonizador. Es curioso observar a los miembros del sijismo (o de la fe sikh), tan abundantes en Canadá y reconocibles por sus barbas y sus turbantes, enteramente entregados a las jugadas de Harry Kane y eufóricos por el equipo inglés.
A primera vista los equipos europeos reflejan sociedades transformadas por la migración y el legado del imperio. Todos hemos visto jugadores con raíces en África, y el Medio Oriente, que ya no son excepciones sino figuras centrales en las selecciones nacionales. La ironía es sin embargo impactante: países que antaño gobernaron imperios de ultramar ahora dependen, en parte, de los descendientes de esos intercambios a veces violentos, a veces atenuados, pero siempre extractivos imperiales para mantener su prestigio deportivos –a regañadientes de los reaccionarios y sus impulsos, afectos y fantasías. El escándalo traído por cortesía de la senadora paraguaya Celeste Amarilla (sic) y sus insultos a Kylian Mbappé no es sino la más reciente iteración de las consecuencias desiguales y “desigualizantes” del aparato colonialismo y sus extensiones de gobernabilidad deshumanizadoras.
Desde hace unos 40 años las Copas del Mundo han devenido en espectáculo y en un mise-en-scene de un extraordinario giro histórico. La Copa actual refleja la intensificación de dicho cambio: los antiguos súbditos coloniales, o sus descendientes, se convierten en protagonistas de las narrativas nacionales que antes se definían en su contra. En otras palabras, el despojado ahora es reutilizado para producir una grandeza (no monetaria pero ciertamente convertible a lo monetario) que anhela lo espectral. El imperio regresa, no como territorio, sino como ciudadanía, memoria y excelencia deportiva. Los fantasmas y repercusiones del colonialismo se dejan entrever en cada partido.
Lección 3. El nacionalismo es cada vez más multinacional.
Nota personal: (1) rememorar las efímeras imágenes sobre el espontaneo affaire amoureuse entre mexicanos y surcoreanos. (2) A veces quienes visten camiseta de la selección argentina o de la selección mexicana no son solo argentinos y mexicanos sino asiáticos, pakistanís, bangladesís, levantinos, africanos, etc.
La Copa Mundial parece celebrar el Estado-nación. Banderas, himnos y rituales patrióticos están presentes en el torneo y cobran toda forma y tipo, re imaginamos símbolos nacionales, y nos hacemos y rehacemos como comunidad de la imaginación, v. gr. Benedict Anderson. Sin embargo, las selecciones nacionales modernas se conforman a través de circuitos globales de migración, doble ciudadanía, academias internacionales, familias transnacionales, parejas interraciales, etc. La nación hoy se construye y deconstruye a través del lente de la globalización. Los jugadores se trasladan entre continentes antes y después de la edad adulta, los entrenadores circulan internacionalmente, las ideas tácticas viajan casi instantáneamente, los clubes reclutan a nivel mundial.
En otras palabras, la Copa del Mundo revela una de las paradojas más curiosas de la modernidad: cuanto más global se vuelve el fútbol, más intensamente nacional parece volverse. La nación ya no se sitúa al margen de la globalización como su opuesto; es uno de sus productos más exitosos. El torneo no preserva la identidad nacional de las fuerzas globales, sino que, a través de ellas, crea un sentimiento nacional.
La Copa Mundial nos recuerda que las identidades siguen importando, no como esencias fijas, sino como historias complejas moldeadas por el idioma, la migración, la memoria y el lugar. La globalización no ha disuelto lo local; ha multiplicado las formas en que las personas lo habitan. Y hablando de memoria…

Lección 4. La máquina de la memoria: El fútbol se ha convertido en uno de los mayores escenarios de la memoria colectiva del mundo.
Nota personal: hace muchos años cursé una maestría en memoria cultural e identidades postraumáticas. Ahora repienso lo que aprendí a contracorriente de las llamadas memorias mundialistas.
Cualquier oyente de radio o de comentaristas deportivos sea de televisión o de cualquier medio ya sabe que los “opiniólogos” profesionales rara vez se limitan a hablar del partido actual. Es decir, cada encuentro y cada partido evoca derrotas pasadas, victorias hechas legendarias por la memoria, decisiones arbitrales controvertidas y traumas nacionales: la copa del ‘78 bajo la dictadura Argentina donde los presos políticos argentinos le hacían fuerza a su equipo nacional, incluso cuando ese equipo representaba al estado mismo que los encarcelaba, torturaba, y desaparecía extrajudicialmente; la famosa Desgracia de Gijón cuando los austriacos y los alamanes en España ‘82 se aliaron en medio del partido para ralentizar el juego y para que los argelinos nos pasaran a octavos de final (también conocido curiosamente como el “pacto de no agresión,” o mejor aún: der Anschluss!); Munchen ‘74, cuando la selección de fútbol de Zaire jugó contra Brasil bajo las amenazas de muerte del dictador de su propio país, el infame Mobutu Sese Seko; el asesinato del defensa Colombiano Andrés Escobar, como revancha de un mafioso que había perdido una apuesta y el trauma de una nación que lamentaba un crimen más dentro de la larga guerra narco-civil colombiana de los ’80s y ’90s..
Parece ser que no podemos comentar el partido en tanto partido, sin recurrir a la historización, la periodización, la comparativa, y el contexto que, por supuesto ofrecen perspectiva, pero nos recuerdan que la tendencia primaria de la modernidad olvidar y consumir parece ir en contra del impulso humano de rememorar, comparar, y asentarnos en la realidad vis-a-vis un relato presente y tangible pero también constructor de subjetividad histórica. La relación entre fútbol y memoria colectiva y psicología parece ser un campo naciente comparativo para entender mejor la manera en que recordamos y qué recordamos. Hay incluso estudios académicos que se preguntan cómo recordamos cada Copa Mundial y cuyos resultados sugieren que las memorias colectivas informales comparten atributos comunes con memorias colectivas más formales, como las que se encuentran en presidentes o guerras. En concusión: un mundial nunca es simplemente un evento contemporáneo; en realidad, está marcado por torneos anteriores y por consiguiente el retejer la historia se hace a través de la memoria viva y oral, no archivada y escrita (o archivada y escrita en menor grado y digitalizada en medios visuales en mayor grado). Cada generación hereda tanto los triunfos como las decepciones de las anteriores y se construye y se reinventa en respectivo y apoyado en ellas.
Lección 5. El fútbol sigue siendo democrático, inestable, casi impredecible incluso cuando las instituciones no lo son.
No hay nota personal. Hay idea una idea de contradicción heracliana.
Ya sabemos que los poderes del fútbol poco se interesan en ideales igualitarios– ideales que, al mismo tiempo, son supuestamente celebrados juego con slogans simplistas como “Say No to Racism.” Ya es lugar común señalar que la toma de decisiones está concentrada y consolidada, y que la riqueza se distribuye de forma desigual. Las acusaciones de corrupción han ensombrecido continuamente (pero hoy más que nunca) el fútbol internacional. Sin embargo, en medio de tanto lamento por una parte y decaimiento por la otra, surge una paradoja: una vez que comienza el partido, la incertidumbre regresa, la institución trata de erradicar la ambigüedad, pero parece ser sujetada temporalmente. Un solo error en el campo, un rebote afortunado o una parada extraordinaria aún pueden cambiar cualquier pronóstico y refutar a los tediosos expertos que no paran de ofrecer opiniones no pedidas. Una falta dudosa o un penalty mal cobrado puede alterar un juego previamente arreglado, o arruinar el lucrativo espectáculo de ver una vez más a Messi o a Ronaldo correr como centauros modernos. En suma, el juego conserva un grado de imprevisibilidad, de precariedad a pesar de que a menudo las instituciones que lo rodean y rigen se encarguen a como dé lugar de eliminarla y amañarla.
Lección 6. Las pasiones, los cuerpos y la productividad de la esperanza (que sigue siendo el recurso más renovable del fútbol)
Nota personal: perderse en una muchedumbre tal como lo describe Elias Canetti; entender con el cuerpo y no con la mente que las masas quieren estar en masa, y que los cuerpos individuados quieren estar absolutamente individuados, ambas formas de ser tiran para dos extremos opuestos.
Cada cuatro años, los aficionados se convencen de que la historia puede volver a empezar. Cada cuatro años empieza otra vez la “guerra” mundial de todos contra todos, o de los supuestamente mejores de cada continente, no con armas ni ejércitos, pero si como una “deportificacion” de la guerra, como una domesticación del enfrentamiento. Cada cuatro años el espíritu de tribu se reactiva y se uniforma con colores, canciones y fetiches para vencer a las demás. Los medios nos llenan de probabilidades, estadísticas y el sujeto mismo se dosifica auto-propaganda nacionalista (cortesía del algoritmo), pero quizás estas cifras y los mal llamados “análisis” importan menos que la imaginación colectiva.
Las naciones con pocas posibilidades reales de ganar sueñan con sinceridad. Los defensores del título: los Argentina y los España, los Brasil (sic) y los Francia no reparan ni un instante en naciones con menos tradición y sin estrellas: léase, Cabo Verde, Curazao, Qatar, Argelia, Egipto. Sin embargo, el juego demuestra repetidamente que la esperanza no requiere certeza, solo requiere la posibilidad de que ocurra algo inesperado. Y esos “inesperados” o esos “de repentes,” ese vislumbrar la esperanza a medias, producen condiciones que alteran las pasiones y los afectos de las comunidades más rígidas y estrictas. Los afectos e híper-afectos en sí mueven a todo tipo de cuerpos en sentidos impredecibles: Los cuerpos más sujetados a espacios disciplinarios como cárceles, colegios, instituciones se reorganizan, los hábitos se reconfiguran, y la esperanza sin certeza recoloca cualquier cantidad y tipo de objetos. Está en todas partes: las rutinas y los hábitos se trastocan (los locales como bares y restaurantes se reconvierten, se llenan de pantallas y los cuerpos inevitablemente se sientan al frente de ellas de manera orgánica, los espacios previamente utilizados por los autos y el violento tráfico se reapropian y se ponen sillas, y se humanizan y lo que más sorprende es que nadie se queja, ¡al contrario! (todo el mundo parece aceptar con agrado cambios y cosas que en “tiempos normales” serian una disputa interminable) y por unas semanas una mezcla rara entre carnaval y excepción nos recuerda que somos más que nuestras rutinas y nuestros hábitos, y que nunca se sabe, a ciencia cierta, al decir del filósofo sefardí Baruch Spinoza, de lo que es capaz un cuerpo, qué tan lejos o tan cerca puede llegar un cuerpo, para ponerlo de otra manera: en qué se está convirtiendo un cuerpo.

Lección 7. La tecnología resolvió algunas injusticias, dio paso a otras, y de ñapa también creó nuevas formas de incertidumbre.
Nota personal: El fuera de lugar inexistente de Davinson Sánchez del equipo colombiano contra Portugal. O la intervención del VAR que terminó anulando un gol de Egipto contra Argentina.
Ya sabemos que en el fútbol los soportes electrónicos (las prótesis, las llama Bernard Stiegler) han suplantado al hombre, y de alguna forma sirven no tanto como una infraestructura silenciosa y dada por sentado sino como agentes que remplazan el juicio humano y se proponen, al menos esa es la premisa y justificación, eliminar toda traza de subjetividad con todos sus posibles “errores” y “márgenes” que esta acarrea.
La introducción de tecnologías de arbitraje cada vez más sofisticadas redujo ciertos errores evidentes. Sin embargo, también transformó el ritmo emocional del juego y sus patrones conductivos: los goles se celebran con cautela, en suspenso hasta que se confirman, los espectadores celebran los goles solo provisionalmente, esperando la confirmación en pantallas a cientos de kilómetros de distancia, los jugadores miran instintivamente hacia el auricular del árbitro tras cada jugada polémica como si la máxima autoridad ya no residiera en el campo, sino en algún lugar dentro de la propia red tecnológica. La precisión aumenta, mientras que la espontaneidad disminuye. El tecnificar toda experiencia humana no solo solo “datifica” lo “in-datificable” sino que a menudo promete certeza a expensas de humanidad.
Desde siempre, el fútbol (como cualquier deporte), aceptó el error como una condición inherente al juego. Estos errores por supuesto generaban enfado y ambigüedad, pero también formaban parte del carácter intrínsecamente humano del fútbol y del accionar físico del cuerpo en cualquier competencia. Al igual que la memoria misma, el juego seguía siendo incompleto, falible y sujeto a controversia.
La llegada de las tecnologías de vídeo a la Copa Mundial en 2018 prometía un futuro diferente. El VAR, la tecnología de línea de gol, la detección automática de fueras de juego y los algoritmos cada vez más sofisticados se presentaron como instrumentos de justicia. Corregirían el error humano mediante la introducción de precisión artificial. Y, sin embargo, estamos enterándonos de que la tecnología no eliminó la incertidumbre, simplemente transformó su ubicación.
La incertidumbre que antes residía en la percepción del árbitro ahora reside en los datos que arroja la máquina y la interpretación humana de tres falibles y muy humanos “árbitros asistentes de video”. Ya no nos preguntamos si el árbitro vio correctamente. En cambio, nos preguntamos si el ángulo de la cámara era adecuado, si la calibración era precisa, si el algoritmo definió correctamente el hombro del jugador, si el sistema capturó o no la intención o el contacto según sus umbrales programados. Pareciera que el juego entra en la era de las biométricas con toda su potencialidad de violencia y ansiedad de control y captura. El objeto de confianza se ha desplazado del juicio humano a la infraestructura técnica.
Bernard Stiegler argumentaba que la tecnología no debe entenderse simplemente como una herramienta externa. Los seres humanos, sugería el filósofo francés, siempre se han extendido a través de prótesis: objetos que preservan la memoria, la percepción y la acción fuera del cuerpo. La escritura extiende la memoria. La fotografía extiende la visión. Las computadoras extienden el cálculo. El fútbol ahora posee sus propios órganos protésicos.
El árbitro ya no ve solo con ojos humanos, sino a través de cámaras que operan desde múltiples perspectivas, relojes digitales sincronizados, auriculares de comunicación, modelos integrados del campo de software predictivo. La percepción misma se ha distribuido a través de una red técnica y por lo tanto el árbitro ya no es simplemente un oficial individual. Es quizás un conjunto, un equipo ciborg (una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos) a cargo de proporcionar vigilancia y emitir juicio.
Conclusiones inconclusas
Vivimos en tiempos raros, vivimos en lo han llamado el interregnum una intermisión donde el orden global no ha entrado de pleno en una nueva forma histórica-material, pero tampoco ha salido totalmente de la anterior. Para el fútbol profesional podría significar el completo abdicar humano y sentarnos a ver los mundiales de robots, China v. Estados Unidos, Japón v. Corea del Sur. El futuro parece apuntar hacia la desincorporación del humano y todo su equipaje físico (y cognitivo) y hacia la simulación y la algoritmificación de lo capturable y digitalizable. ¿Sera que el fútbol profesional adaptara este giro hacia la deshumanización del deporte? ¿Sera el fútbol capaz de resistir los llamados a la tecnificación y tecnologización cada vez más prometedora y más expansiva?
¿Y que podríamos apuntar sobre la corrupción que organiza estructuralmente el evento? ¿Acaso en 8 o 12 años estaremos lamentando corrupción y acumulación en grados aún más intensificados o habremos superado lo peor y la FIFA habrá recobrado algún semblante ético en su práctica moral? Esa es la tarea para nosotros los futboleros no profesionales, los futboleros de cada cuatro años, los que no gastamos más de $30 dólares en un jersey del equipo nacional cada cuatro años, regresar la mirada y tratar una suerte de comparación con el pasado, hacer memoria individual y hacernos parte de la colectiva mientras le hacemos barra a nuestro equipo y seguimos tratando de entender el mundo desde la cancha.
[1] Quizás el texto más Famoso sobre el fútbol y que me pasó desapercibido mientras escribía este ensayo es El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano (Siglo XXI Ediciones ,1995). Dios es Redondo, de Villoro (Crónicas Anagrama, 2006), comparte el enfoque ensayístico de Galeano, combinando el deporte con la historia, la política y la sociología, en lugar de limitarse a las estadísticas del partido.
* Este ensayo está escrito y publicado antes de que el Mundial 2026 termine, así que leerlo con eso en cuenta.
Foto de Sepp Blatter. Prankster showers Blatter with fake money at FIFA HQ. By Simon Evans, July 20, 201510:29 AM PDT. https://www.reuters.com/article/world/prankster-showers-blatter-with-fake-money-at-fifa-hq-idUSKCN0PU1I9/ Página visitada el 10 de jul. de 26.
Foto del poster Argentina. Batellie J.F. “Pas de football entre les camps de concentration” By Alex Pannozzo, March 6, 2023 https://peoplesgdarchive.org/item/7095/pas-de-football-entre-les-camps-de-concentration. Pagina visitada el 10 de jul. de 26.
Foto VAR Davinson Sanchez. “El offside milimétrico que le costó el triunfo a Colombia: por esto anularon el gol de Davinson Sánchez.” By Alejandra Soto. PrensaLibre.com. 27 de junio de 2026 https://www.prensalibre.com/deportes/mundial-2026/el-offside-milimetrico-que-le-costo-el-triunfo-a-colombia-por-esto-anularon-el-gol-de-davinson-sanchez-breaking/ Pagina visitada el 10 de jul. de 26.



















