Abandonamos el siglo de las guerras y entramos al del progreso: Cien Años de Soledad en segunda marcha

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De esta segunda parte de Cien Años de Soledad se pueden deshilvanar varias hebras para el análisis. La segunda mitad esta poblada de imágenes clásicas de lo que se denomina “Realismo Mágico” como la ascensión de remedios, la bandada de mariposas amarillas de Mauricio, los años del diluvio entre muchos episodios. También podemos intentar jugar a los significados ocultos que fascinan a los críticos de la generación y al parecer al editor de mi copia anotada: las “claves” de Ursula, el acto equivocado, la mayoría de las veces, de descifrar y “leer” presagios, anuncios oscuros, y acertijos fatalistas. La verdad, este gesto de la critica me aburre un poco y ya aparece a todas luces un poco obsoleto. Derivan tal vez estos ejercicios del reto de encontrarse frente a un macizo de narrativas que se trazan a lo largo de 300 paginas envolviéndose entre si mismas y ofreciendo todo tipo de relación de la una con a la otra. Y aquí creo que comparto, a medias, el desdén que Garcia Marquez expresaba ante estos profesionales y sus parientes en segundo o tercer grado de relación: abogados, burócratas, funcionarios, hombres de estado, en fin, el hombre que vive de la palabra, pero sobre todo el que vive de la palabra escrita, el hombre de letras. El “hombre de letras” no es lo mismo que decir el escritor, el poeta. Ciertamente estos últimos tipos de escribanos gozan históricamente, aunque no siempre, del favor y la devoción de la sociedad o al menos de ciertos regiones dentro de la sociedad letrada. No constituye este elogio un paz y salvo para todo quien quiera llamarse “escritor” o “poeta.” Mas bien corresponde a una noción antigua del poeta como profeta quien tiene una relación importante con lo sobrenatural: canta a Dios o sobre Dios y es apreciado tanto por los sensibles como los hombres de estado en tiempos difíciles.

Lo que si podemos observar, en esta segunda parte, es una serie de constantes que revelan como cambia la escritura, como ha cambiado el tono, tal vez, por el mismo paso del tiempo que se evidencia hasta en los mas mínimos objetos dentro de la novela, como cambian las posturas ante los heroes y como cambian las políticas de las voces latentes dentro del texto.

Quisiera resaltar que desde el capitulo 10 la narrativa cambia de marco conceptual, ya no desplegamos -como lectores- una a una las efemérides del gran militar, en este caso “el Coronel Aureliano Buendía” casi libertador que en sus historias entrelazadas componía manojos de épicas y epopeyas. La poética de las guerras decimononicas va quedando atrás, no muere necesariamente el coronel pero poco a poco se va relegando y hasta nos olvidamos a veces de el mismo (siguiendo a Bruno ha caído pues en la muerte tras la falta de evocación recordativa). Las grandes guerras del XIX han sido la constante de muchos autores latinoamericanos y en especial la novela de dictador capitalizó hábilmente del suelo fértil que constituyó la historia política de Latinoamérica. Como dice Fuentes, no hace falta mucha imaginación para escribir acerca del dictador perfecto: el “Yo el Supremo” de Roa Bastos solo tuvo que echar un vistazo hacia los archivos para encontrar en la frenética vida del Doctor Francia, un dictador evidentemente perfecto. El mas principiante historiador del devenir politico Colombiano puede apreciar el tono megalómano de estos grandes dictadores hasta en el mismo titulo de sus guerras sin fin, recordemos por ejemplo la “Guerra de los Supremos” (1839-1842) o la “Guerra de los Mil Dias” (1899-1902) y ya son pues muchos los conflictos que en toda la region han marcado la historia desde sus enfrentamientos apocalípticos, sus nominas sin medida y el tono constante de lo magnánimo, el honor nacional y otras ideas recurrentes en la época.

Los ejemplos son variados, pero el punto es que desde el capitulo 10 o el 11 la cosa cambia en Macondo y en la novela como tal. Propongo que la segunda mitad hace entrar una nueva era histórica donde la multiplicidad de narrativas cobra preeminencia pero se pierde protagonismo central, (o digamos se fragmenta el sujeto) en tanto pierde el peso de la narrativa predominante anterior. Es lugar común ya decir que la modernidad entra en Macondo o que Macondo entra en la modernidad, como se quiera, pero es en este digamos “cambio de paradigma socio-económico” donde se encuentra el germen de lo que deviene en una narrativa mas multiple, donde el peso del “libertador” y sus 32 levantamientos, 17 hijos… etc., no mueve la trama hacia un centro firme y el lector hacia un eje solido de desarrollo sino que enfatiza lo menor (pero ojo! por menor no digo menos importante): ejemplos serian la vida rumbera e inútil de Aureliano Segundo, la vida ecléctica y desordenada de Jose Arcadio Segundo, las lecciones al parecer muy vacías aunque muy bellas que nos deja el paso de Remedios la Bella por el libro, los multiples dramas de la insufrible Fernanda con todos o casi todos en la familia, Amaranta, Ursula, Santa Sofia, Petra Cotes y hasta su propia descendencia, en fin, multiples ejemplos podemos dar pero a falta de espacio retornemos al punto: la modernidad entra y con ella, la narrativa, podríamos especular, se democratiza. También vemos como el libro se va desenvolviendo un poco mas apresurado que antes, como la descripción de las pestes que son extensas y no menos devastadoras, deja la sensación que se trataba de resumir un poco, de contar sin detenerse tanto o de cerrar poco a poco las hebras narrativas con mas apremio. Al decir esto quiero aclarar que la hipérbole y el superlativo continúan marcando sin discriminar; que no se entienda que trato de proponer que en la segunda mitad es menos importante o de menor calidad. Mas bien lo que me interesa acá es ver como esta modernidad acelera el tiempo, las medidas de las vidas, el suceder cotidiano y si seguimos la tesis de la semana anterior termina por destruir la concepción de un mundo mítico, primordial. No solo se aceleran las micro-narraciones sino que se acelera también el uso del lenguaje y al mismo tiempo advertimos un cambio en la naturaleza del mismo. Y es apenas necesario. No se puede pretender creíble el relato de una masacre en los tardíos años 20 usando el mismo lenguaje de las “guerras supremas” del XIX.
Quería proponer, aunque evidentemente estoy abusando ya del lector y su tiempo y me disculpo de antemano, que en vez de leer Cien Años de Soledad como alegoría nacional leamos el texto como alegoría del tiempo histórico no solo de la región sino de toda America. Me da la sensación de que la muerte del Coronel en el texto es el punto decisivo como lo fue para el Norte -aunque mas en Europa que en Norteamérica- del cambio de un modo de entender la realidad política del mundo, en otras palabra el impacto de la Gran Guerra sobre la conciencia del Occidente. Y de ahi en adelante la “aceleración del tiempo” tanto en la realidad como en la novela se evidencia en los variados episodios y su coincidencia con la historiografía tanto suramericana como norteamericana. Los años de rumba y parranda imitan el boom de muchas economías en el continente y no solo la gringa; así como el desembarazo de una normatividad victoriana que ya olía a guardado y caía en desuso. El nominativo ingles los “Roaring Twenties,” en Macondo seria los años de “parranda vallenata” enmarcada en locuras como el empapelar la casa con billetes y los “boterismos” de la comilona obscena. El diluvio se podría interpretar como la superposición de la imaginación histórica sobre hechos tan ciertos como aciagos tales como el Martes Negro de 1929: la caída de la bolsa de Nueva York. Recordemos que el Crac del ’29 dio inicio a la Gran Depresión norteamericana época de terribles coyunturas para los norteamericanos de clases medias y bajas, marcadas gravemente por una depresión económica como también afectiva: suelo irreal donde Steinbeck y otros encontraron, en las maneras de vivir mas alucinantes y la desolación del paisaje polvoriento del Dustball, la poética de la escasez. En Macondo también tenemos nuestro dustball (una imagen que no les molestaría mucho a la banda de los McOndianos), caen meses o años de sequía que coinciden -en la temporalidad histórica elástica con que trabajamos- con la depresión norteamericana. Así como los meses de miseria y la perdida de cualquier resto de dignidad del rumbero favorito Aureliano Segundo evocan las culpas y las calumnias sin fin de una Europa sumida en la pobreza, la vergüenza y una inflación al mejor estilo del realismo mágico. Un final aterrador esperaba a esta Europa, un final que en Macondo es destrucción y olvido. Confieso que son pensamientos desordenados y extendidos sin consideración (disculpame Silvia) así que dejamos hasta acá el juego de los abalorios irreales y las torres de sangre que vendrían con el tiempo. Para concluir retomemos las ideas: la segunda mitad como espacio conceptual de lo multiple y lo menor en tanto la modernidad acentua valores similares y trae nuevas formas de vivir con todo su impetu violento y su orden binario. Esta frase me trae a la memoria lo que le sucedio al pueblito chileno llamado Estacion el Olivo, pero eso, es harina de otro, muy rico, costal.

“McOndo” y Gabo como escritor “no comprometido”

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(Lo que sigue son mis impresiones sobre los “McOndo” y un vistazo a las maneras de comentar sobre Garcia Marquez en la fecha de su fallecimiento.
Cierro con un fragmento periodistico que nos invita a aproximarnos a Garcia Marquez sin caer en narrativas instrumentalizadas de “escritor sin política” o “buen escritor, mal politico” o “escritor exotizante y apolítico.”Disculpas por el alternado uso de párrafos en ingles, pues fue de la Wikipedia en ingles que extraje los pasajes acerca de McOndo y el articulo de Andres Fabian Henao esta escrito en ingles.
Mi “post” como tal lo envío mas tarde.)

Para mi con todo respeto “McOndo” es una banda de pensadores reaccionarios que intentan hacer entender al resto del mundo que LA “no es un sombrero y un machete,” i.e., ellos quieren entrar a la gran Familia Occidental y decir “no somos indios atrasados, tenemos television, rock y McDonald’s.” Hacen un gesto hacia el norte, hacia una modernidad o posmodernidad blanca y cosmopolita Yo creo que todo Latinoamericano que sale y se da cuenta de la limitada y selectiva representación y recepción de su cultura (claro, esto ha cambiado mucho desde los 80’s y 90’s), sufre por instantes, el síndrome de “no somos tan indios” así mismo trata de cobrar una postura de indignación vanidosa y quiere mostrarse como “moderno.” También esto responde a que desde los 40’s Latinoamérica era sinónimo con exotismo, realismo mágico (o lo que se entienda por ese “signifier”), paraíso maldito, miradas puramente reduccionistas, mutiladas y comercializadas a nivel de consumo de masas. En palabras de Said, era el “Oriente.” Si McOndo responde a Cien Años de Soledad, los encuentro desfasados a veces y quisquillosos en general: en la novela como hemos visto hay modernidad, hay intercambio con Europa, se ve como una ideología politico – filosófica Ilustrada (Centralismo contra Federalismo) opera, se puede ver el rol de una economía moderna capitalista de monopolio.

Yo creo como ya te comente (a Bruno) que el “Iowa Review Affair” propicia la motivation desenfrenada del tono “McOndiano.” Mas bien diria yo que entre “Banana Republic, 19th Century Dictator, Backward Catholicism” y “a world of McDonald’s [restaurants], Macintoshes and condos” ahi esta Latinoamerica. Que se diga que “Fuguet’s coinage McOndo denotes ‘a world of McDonald’s [restaurants], Macintoshes and condos.’” Yo creo que esta loco.

Al final como que recapacitan un poco estos arribistas: “Later, some McOndos reneged their literary militancy against Magical Realism; Edmundo Paz Soldán observed that ‘today, it is very clear, for many of us, that it is naïve to renounce such a wonderful tradition of political engagement on the part of the Latin American writer.’”

Dicen que los McOndo reaccionan “in direct opposition to the politically-metaphoric, rural narratives used as political discourse by the Latin American Boom generation of writers, especially the magical-realists.” Pero por Dios! Si todo lo opuesto es el caso: si algo hemos aprendido en esta clase es que el Boom era en buena medida heterogeneo en tematica, estilo y tono: solo recordemos los autores que hemos leido y los temas. Artemio Cruz es un magnate de metropolis moderna; en El Lugar sin Limites hay una configuracion alternativa de los roles sociales y la performatividad de la sexualidad, asimismo no hay una gota de “jungla tropical” o “realismo magico.” Cortazar gesticula en su obra y en su misma postura, ademanes y fonetica hacia la idea de un escritor Frances!

Lo que si es otra historia y ahi tal vez radique el origen del malentendido y la ira de la representacion o mal-representacion es que la difusion en el resto del mundo estaba condicionada por parámetros comerciales que negaban la posibilidad comercial (al mismo nivel que Cien Años de Soledad, La Muerte de Artemio Cruz) de otras estéticas Latinoamericanas.

Cierro con un fragmento del corto articulo “The Political Uses of Memory” del colega y amigo Andres Fabian Henao quien yuxtapone las reacciones a la noticia del fallecimiento de Garcia Marquez. Andres retoma la postura de Antonio Caballero editorialista en Semana y nos invita a leer a Garcia Marquez sin disasociarlo de una critica a la realidad Colombiana y Latinoamericana. Caballero dice “Gabo gave us a real and truthful image of Colombia, one that sought to arrive at the real through the magical, rather than the other way around—a real that elites still do not wish to confront.” Caballero takes issue with the words of the current Colombian President, Juan Manuel Santos, who makes Gabo into a patriotic hero, entrusting his spirit to the nationalistic agenda of the right. Whoever has read his work, Caballero remarks, quickly realizes that Gabo did nothing else in his literature than denounce the horrors of that patria which now enlists him as its spokesperson and representative. Caballero is right to say that García Márquez’s work is a political commentary and critique of the social reality which we still live in Colombia, a country still populated by “apocalyptic rains, catastrophes without story, deaths foretold, news of kidnappings, slaughter of workers, civil wars, political prisoners, military majors, thieves in the towns, corrupt politicians, dictatorships, bureaucratic frauds and delays, inquisitorial processes, demons, soulless grandmothers, dead birds, child prostitution, and a poor Liberator who everyone spits on the face.” To read One Hundred Years of Solitude disconnected from the Massacre of the Banana Plantations in 1928 is not to read Gabo at all, to ignore what still survives in the literature, and makes visible of the neo-colonial continuity of violence now taking place through the funding of paramilitary organizations by Chiquita (that reincarnation of the 1920s-era United Fruit Company denounced in One Hundred Years of Solitude).”

El comentario puede ser accedido en la siguiente direccion:

“THE POLITICAL USES OF MEMORY,” Andrés Fabián Henao Castro, https://www.massreview.org/node/348

El “Vallenato de 300 paginas” o la Historia como anti-literatura

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“Si alguno de ellos desea pasar por sabio, una sonrisa, un aplauso, un movimiento de orejas a manera de asno serán suficientes para hacer creer a los demás que él se halla al tanto de lo que se trata, pese a que en el fondo no entienda cosa alguna.”

Erasmo de Roterdam “Elogio a la Locura” Diálogos de Moria

Para el post de la semana es difícil escoger una temática única de análisis. Dada la naturaleza fractal de la narración y el carácter elíptico de la temporalidad (ideas que tienden hacia la infinitud) me limito a enunciar algunos aspectos claves para traerlos a la mesa en nuestra sesión y a anotar un par de ideas desde mi desfavorecida perspectiva. Aunque es difícil escribir sin reescribir ciegamente me gustaría proponer o rescatar la sencilla tesis de Cien Años de Soledad como evento historico-literario cuya inspiración deriva -no tanto- de otras obras siguiendo una “genealogía del signo” o cierta “ansiedad de la Influencia” (y el privilegio de los padrinos literarios, herencias, legados, etc) sino mas bien emerge de la tierra misma, no diría del contexto histórico sino mas bien del “texto” en este caso no estrictamente literario o metafísico sino el texto de la experiencia subjetiva e histórica como se entiende a traves de los sentidos y el rasocinio.
Ya Garcia Marquez lo confesaba varias veces en frases despreocupadas, “Cien Años de Soledad es un vallenato de 300 paginas” como en meditaciones mas largas

“El (Nicolas Marquez, abuelo materno de Garcia Marquez), en alguna ocasión, tuvo que matar a un hombre, siendo muy joven. El vivía en el pueblo y parece que había alguien que lo molestaba mucho y lo desafiaba, pero el no le hacia caso, hasta que llego a ser tan difícil su situación, que sencillamente le pego un tiro […] se fue y fundo un pueblo, y lo que mas recuerdo de mi abuelos que siempre me decía: “Tu no sabes lo que pesa un muerto.” Hay otra cosa que no olvido jamas que creo que tiene mucho que ver conmigo como escritor, y es que una noche me llevo al circo […] Recuerdo que, siendo muy niño, en Aracataca, donde vivíamos, mi abuelo me llevo a conocer un dromedario en el circo. Otro día, cuando le dije que no había visto el hielo, melero al campamento de la compañía bananera, ordeno abrir una caja de pargos congelados y me hizo meter la mano. De esa imagen parte todo Cien Años de Soledad
Y estos son solo dos recortes entre centenares de entrevistas y diarios que reflejan el carácter digamos “anti-literario” de Cien Años de Soledad. (Digo “anti-literario” entre comillas y cobrando cierta distancia hacia la expresión porque puede resultar un tanto desbordada; lo que se quiere acentuar es la descendencia de la novela de otra estirpe, no de la perteneciente al mundo literario entendido como expresión de una “alta” cultura burguesa sino como producto de la compilación de un sin fin de fragmentos folclóricos de sabiduría popular, de las mitologías mestizas de la region geográfica donde se establece Macondo como eje espacial, y de la precariedad de la memoria como recipiente de “imágenes” que se convertirían en claves abigarradas de la novela.)
El lector se preguntara no sin cierta razón, no son acaso los productos literarios (novelas, poemas, lírica) la materialización misma del devenir histórico trasladado al campo de la experiencia lectora del signo?
Ciertamente cualquier acontecer literario, cualquier “evento” así sea uno tan mínimo como mi lista de hacer compras o un “to do” se relaciona con la realidad. Unas lineas escritas y sin destinatario al estilo de un diario naturalmente responden y corresponden a hechos anclados en la realidad y a los cuales nuestra capacidad de razón contesta en un registro amplio de ideas. Sin embargo, lo que quiero leer en Cien Años de Soledad son varias cosas: primero la postura, o impostura, que su autor no se cansa de iterar y reiterar acerca del origen de la novela; la licencia bastante liberal que se otorga a si mismo Garcia Marquez para utilizar archivos culturales disparatados y hacerlos comunicar entre si, rasgo que me permito especular fue conducido con mucho mas ahínco y rigurosidad que cualquier otra obra del periodo; el gesto de alquimia o de artesano de los eventos que se lee entre las lineas de la novela cuando frente a nuestra mirada de lector absorta se desenvuelven las temporalidades y las lógicas sistemáticas tan disparatadas como inteligibles entre ellas (epistemologias de la multiplicidad aglomerada).
Naturalmente nadie escribe en un vaciamiento literario (tal vez, acaso Dios), existen textos e influencias (puramente literarias) y esas ya las sabemos y no hace falta repetirlas: el “Yoknapatawpha County” de Faulkner, las tragedias griegas, o su labor y vocación de periodista. Pero lo que separa, para mi perspectiva miope, o (“nearsighted” suena, otra vez, mejor) estos casos es que para escribir -y concluir con más claridad estas ideas- Cien Años de Soledad no hace falta ir mas allá de la historia nacional, la historia regional, las realidades del presente y la “disincronia” o “asincronia” textura fundamental del relato. Que Garcia Marquez ensambló una obra ya sin duda católica “entendiendo la palabra en su sentido arcaico” está más que claro; que sus inmensa capacidad narrativa y especular convirtió una historia colorida y trágica en una serie de volúmenes diáfanos y ya clásicos es un hecho que nadie niega; pero como dice Carlos Fuentes “Es un desafío para el novelista latinoamericano competir con la historia; como inventar personajes más locos, más poderosos o más imaginativos, de los que han aparecido en la historia?”

En este orden de idas regresemos a aquel “texto” mencionado anteriormente, o a una glosa sobre el texto que constituye la materia prima de Garcia Marquez.
A grandes rasgos Colombia ya de por si es un Macondo, no hace falta agregar mucho más. Y dentro del gran Macondo que es Latinoamerica, Colombia es un lugar privilegiado y maldito al mismo tiempo porque encierra en su geografia variada y acentuada a gentes igualmente contrastantes, extremas y sustancialmente opuestas. (Colombia es Latinoamerica concentrada): Colombia es el lugar por excelencia donde todo opera al reves: las lógicas occidentales (o lo que sea que pensemos al oir esta expresion) indigenas y africanas coinciden en una densidad espacial y una simultaniedad abrumadora: en contínua contradicción como en sincronia a veces: En Colombia confluyen los tres rios fundacionales de Latinoamerica (razas, “grupos ethnolinguisticos”), la geografia favorable tanto al intercambio y tráfico fácil (mezclas, mestisajes, etc) como al aislamiento, ensimismamiento (regionalismo extremo, ignorancia y superstición casi medievales, intolerancia y polarización, condensación de los rasgos regionales) (Por eso hay locos europeos del norte que abandonan la vida en sus países y se mudan a Aracataca, Mompox o Barichara.) Siguiendo al critico y escritor William Ospina me atreveria arriesgar un punto comparativo a grandes brochasos: Mexico es Latinoamerica pero ampliamente indigena y sin el rasgo africano tan marcado; por otra parte Argentina es una Latinoamerica europea de frente e indigena y criolla por atras, Brazil es similar al caso Colombiano pero mucho más extenso y bendecido por un legado portugues menos brutal que el resto del continente. Cuba, elimino sistematicamente al indio y se perfilo como un espacio blanco, homogeneo; isla moderna de frente y ansiosa a todo lo que llegar de la America del Norte o de Europa. Colombia convertida en fractal de culturas y políticas sinnúmero encierra en una cascara de nuez el espacio infinito, ese espacio que maravillaba al melancolico principe Hamlet.
Que quede claro que toda esta digamole “diatraba” de tonos nacionalistas y salteada de narscicismo no debe leerse como una promocion de un destino exotico (literario, turístico, metafisico), o como la exaltacion de una nacionalidad mejor o superior a otras en la region. Todo lo contrario, lo primero que nota el curioso historiador aficionado sobre este país es que la realidad histórica refleja siglos, cien años, o mas de cien años, no solo de soledad, sino de guerras: el triunfo sistemático de la irracionalidad colectiva e individual, la falta de espíritu de compromiso politico y cívico, y la insensatez mas básica hacia los preceptos elementales de organización política. Tristemente, la configuración de esta comunidad imaginada ha sido capaz de rescatar las ideologías mas recalcitrantes y emplear los métodos mas arcaicos para asegurar la prolongación de su desangramiento continuo.

Paradójicamente, de este “paradiso infernal” emergen situaciones que desafían el entendimiento mas básico. Acá es donde Garcia Marquez, en un gesto que niega a su legado literario nacional hasta el momento, se resuelve a tornar esta realidad accidentada, de modernidad desordenada, a veces avergonzante, a veces incomprensible en un espacio ficticio donde conviven seres miticos, al lado de generales (historicos y concretos) levemente enmascarados. En un gesto fracticida no solo rechaza las literaturas importadas y sus categorias esteticas sino que torna lo que queriamos esconder dentro de la fantasia de construirnos como pais “blanco, catolico e hispanico” hacia afuera y exteriorisa una historia oficial junto a planos marginados: la historia errante, la historia de incesto, la historia del tiempo ciclico contra el tiempo historico. Al parecer Cien Años de Soledad constituye en cierta medida un gesto historico-actual que cambia la direccion de una continua busqueda de identidad.

(Algunas ideas que no logre trabajar pero que pueden resultar fertiles puntos de conversacion)

-La “soledad” porque “no son capaces de amar” (Esto, ya lugar comun, lo han dicho varios criticos).
-El incesto es el origen de todo.
-Melquiades es el insitador estimulador de la curiosidad intelectual (cientifica, geografica, filosofica etc… ).
-La peste del olvido como una alegoria del subcontinente.
-Aureliano es el personaje mas interesante: niño con poderes ocultos, niño poeta y recluido taciturno, desenamorado dramático, militar, expedicionario eccentrico. Sus 17 hijos ilegítimos se pueden leer como la cifra del nacimiento y la  población de Latinoamérica por una España soberbia.
-Todos acaban mal, pero no en un estado deprimente de un existencialismo romanticista, un nihilismo post guerra o un trauma colectivo del campo de concentracion, mas bien acaban como vivieron, de manera colorida, supersticiosa, (Jose Arcadio Buendia) heroica, epica, (Arcadio) clasicamente tragica (Crispi).
Mito/historia: en el lenguaje, en la tematica, en los personajes mismo como “realidades.” (Hay una constante articulada en forma antagonista dentro de Cien Años de Soledad como locus de una batalla entre dos temporalidades, el tiempo ciclico y el tiempo historico).